La siguiente experiencia nos la acercó Leonel. Sus palabras, capaces de helar la piel, nos muestran cómo padeció una serie de eventos extraños.

Una vez cuando estaba de baja agarré un laburo para arreglar una casa vieja acá en la ciudad. Laburaba junto a un par de muchachos más, pero yo empecé sólo en esa obra. Bueno me dan la llave únicamente a mí para que comience a trabajar tranquilo y vaya haciendo mis cosas.
La casa tenía la entrada por el garaje y en su interior tenía un espejo grande en la pared que daba frente a la puerta del comedor. Cuando me pongo a trabajar en ese sitio, sentí como si alguien me mirara a cierta distancia, me hago el tonto y sigo en lo mío pero de reojo noto a alguien que me está mirando, y que ese alguien está reflejado en el espejo; cuando giro la mirada para verlo bien ya no estaba. Decidí contarle esto a los demás pero nadie me creyó, incluso se me reían.
Pasaron algunos días después de eso, y yo seguí trabajando igual, casi sin perturbaciones desde aquella experiencia, pero luego de determinado tiempo comenzaron a escucharse ruidos y no había nadie más que yo en el lugar. Eso me volvía loco todos los días. Un día, temprano por la mañana, sentí que me golpeaban la puerta de calle, y al atender el llamado comprobé que no había nadie, la vereda estaba desierta. Nuevamente decidí comentarlo con mis compañeros, quienes otra vez, se mostraron reacios a creerme.

La perspectiva de mis compañeros cambió cuando, un buen día que estábamos juntos para realizar un trabajo en específico, pudimos escuchar pisadas que provenían desde el altillo que había en el garaje, siendo que, todos los allí presentes sabíamos que nadie se hallaba ahi.
Después, uno de mis compañeros que estaba trabajando solo, también escuchó ruidos como que arrastraban algo así como una silla. y así pasaban cosas cada tanto a lo largo de la reforma de la casa.
Un día a otro muchacho también le sucedió algo extraño mientras estaba agachado poniendo cerámicas.

Él sintió una brisa fría en la nuca como la que te tira el aire acondicionado… imaginense que para entonces ya a todos nos perturbaba el temor. Al poco tiempo apareció una señora que alquilaba la casa desde hacía algunos años, vino entonces a buscar unas pertenencias que le habían quedado y ahí, entre charlas de confianza fue que comenzamos a atar cabos sueltos.

Resulta que la señora tenía una hija que había muerto, no me acuerdo de que, y ella se fue por que no aguantaba seguir en la casa por que la invadían los recuerdos de su hija.

En ese momento me dice » fíjate acá en la pared está escrito el nombre de mi hija, fíjate que cuando la pintes va a volver a marcarse» y así sucedió, tal como lo contó aquella amable señora.
creer o reventar..

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