Por PABLO ARIEL GONZALEZ 

Anoche  te contamos que, recogiendo la bronca social de tantísimos vecinos de nuestra comuna, que con nosotros se comunicaron, a los efectos que digamos  algo a raíz de lo que en fotos andaba circulando entre todos ellos.

Así fue que, opinión mediante, dimos a publicidad la foto en la que, a apenas unas horas de producirse la SEXTA víctima por el tránsito, entre tantas otras cosas que, como malestar, ahí andan, con esa tozuda manía de resistirse a abandonarnos y, aunque sea un rato,  bendecirnos con un poco de paz y tranquilidad, el poder político local, había publicado para que todos vean en lo que estaban por esas horas, fiesta, disfrute y abundante alegría.

Rápidamente el rebote social puertas afuera de la trinchera en la que presos de  felicidad andaban los  que nos gobiernan, pero acá viene la cosa, puertas adentro, casi lo mismo, sucedió.

Al tomar conocimiento  de lo que habíamos publicado en BL, instantáneamente los cubiertos dejaron de chillar, el lechón antes de irse pudo probar el frío en carne propia ante tanta pausa surgida en la mesa, y aquello de lo que estaban hablando, fue enviado al rincón con la orden de guardar silencio hasta nuevo aviso. Luego de ese entonces, en el ambiente copó la parada lo que en BL se había publicado minutos después de publicada la mencionada foto que generó lo que generó en la comunidad de Baradero.

Sin ahondar en detalles, y a modo de síntesis, te contamos lo siguiente, el senador Esteban Bullrich volvió a su casa, con la panza llena de un sabroso lechón lastrado, y con el recorrido de una historia relatada por los anfitriones de su visita, más que conocida, la de BL, “Quien quiera oír que oiga” y quien, como periodista, los  llena de contenido día a día.

El respeto y la valoración a nuestra manera de ejercer el periodismo claramente allí estuvo, estuvo desde el mismo momento en que tanto tiempo a hablar de nosotros se dedicaron, aunque en tren de ser sinceros, si en los sonidos nos detenemos y a los oídos presentes en el lugar les preguntamos lo que sobre nosotros expresaron, la respuesta será clara y concreta, muy bien no nos trataron.

Pasado esto, durante un largo rato, todo volvió a lucir como antes, el lechón perdió la tregua que le habían concedido, los cubiertos volvieron a chillar, y aquel tema que había sido mandado a un rincón, fue invitado a sentarse nuevamente a la mesa, y todo volvió a la normalidad, por lo menos para Bullrich  que se fue.

Para los que se quedaron pensando en el día siguiente, vaya  a saber uno.

Ah, nos olvidábamos de algo, los REPROCHES a quien publicó la foto, siempre ahí estuvieron, es más,  se fueron a la catrera junto a quienes, lamentando tanto OSTENTOSO andar, maldijeron este nuevo gran error cometido.