Es por el efecto comercial que causará el escándalo por la venta de carne adulterada o en mal estado. 

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Las autoridades brasileñas ya no dudan del violento impacto negativo que el caso “Carne Débil” tendrá sobre el comercio exterior de carnes. El hallazgo de adulteraciones de carnes bovinas, embutidos y aves, como práctica frecuente entre los dos grandes holdings del sector: JBS S.A. y BRF, debe derivar en la pérdida de mercados conquistados “con estrategias y grandes esfuerzos” las últimas dos década. El ministro de Agricultura, Blairo Maggi, se lamentó la mañana del sábado: “Retrocedimos 10 casilleros”; para luego declarar que “obviamente tenemos por qué preocuparnos. Donde se descubre un problema pueden surgir muchos otros”.

Brasil consiguió, en el último decenio, alcanzar una posición elevada en los mercados mundiales, al punto de detentar 7,5% del negocio global de carnes bovinas. Hoy es el segundo gran exportador en ese segmento detrás de Estados Unidos; y cuenta con más de 150 países compradores de los alimentos cárnicos y sus derivados, entre ellos la Unión Europea, Rusia y China.

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Ya hubo un primer indicio de la reacción internacional frente a los descubrimientos del viernes, con el gran operativo policial que secuestró documentación de esas empresas. Las acciones de JBS y BRF cayeron abruptamente en la Bolsa de San Pablo, lo que hizo retroceder al índice Bovespa en más de dos puntos, luego de venir desde algunas semanas en alzas optimistas. Las acciones de los dos conglomerados frigoríficos brasileños se desplomaron el viernes: en un caso, con un declive de 10,6% y en el otro de 7,25%.

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“Trabajamos mucho en los últimos años para conquistar espacios en el mercado externo. Y ahora, una actitud que involucra a un grupo reducido de personas coloca nuestra imagen por el suelo. Eso es muy pero muy malo”, declaró Maggi a la prensa brasileña. Para el ministro, esto excede las responsabilidades de la policía: “Este no es un caso apenas de ellos. Es muy grave para el país”. Este lunes, el funcionario tendrá dos reuniones claves con diplomáticos de Estados Unidos y de la Unión Europea. Las dos delegaciones se apresuraron a pedir las citas para enterarse de primera mano de lo que denunciaron fiscales, policías y jueces brasileños.

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Para la Argentina es un tranco difícil, aunque aun no puede ser medida la influencia que tendrá tanto en el mercado doméstico como en el exterior. BRF anunció, el año pasado, una inversión de casi 300 millones de dólares para expandir la producción argentina con sus marcas tradicionales. Este holding es dueño de Avex, la principal empresa avícola de nuestro país. Además es propietario de las marcas Sadia, Alimentos Calchaquí, Bocatti, Campo Austral y Tres Cruces. Su gran competidora, JBS, es dueña de Swift y Cabaña Las Lilas; entre sus grandes marcas figuran también Friboi, Maturatta, Pilgrim’s, Gold Kist Farms y Pierce. Las operaciones de los dos grupos empresariales en el país comenzaron en esta década con la compra de distintas plantas a los holdings argentinos, entre ellos, Molinos.

Para los especialistas, estas compañías brasileñas deben sufrir un daño como mínimo “equivalente al caso de Parmalat”, que casi despareció a principios de este milenio por manejos financieros turbios de algunos de sus dueños. Las brasileñas tuvieron una estrategia enfocada a la compra y desarrollo de grandes marcas, como por ejemplo BRF que se adueñó de Sadia y Perdigao, dominantes casi absolutas en los mercados de embutidos de Brasil.

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Señalan también que una denuncia del nivel de la que se produjo el viernes, con la operación “Carne Débil”, “afecta inevitablemente años de trabajo de construcción de las marcas: llega al ambiente online donde las personas tienden a ser mucho más críticas. No hay cómo eludir esta situación”. Todos parten de una coincidencia: este esquema de corrupción, donde hubo coimas en todos los niveles, solo pudo ser montado con pleno conocimiento de las direcciones empresariales. En el Palacio del Planalto existen otras preocupaciones. Lo que los asusta, más que los eventuales daños para su ciudadanía, es la situación del ministro de Justicia Osmar Serraglio (PMDB). Nombrado hace menos de un mes, tuvo una conversación “pinchada” con el jefe máximo de la banda de fiscales delincuentes. La charla en sí podría no ser tan significativa, pero en Brasilia temen que esa mención sea apenas “la punta del iceberg”. No quieren imaginar el desgaste de la imagen pública que podrá tener el gobierno de Michel Temer con este nuevo episodio.

CLARÍN

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