Sus responsables cuentan que tienen lista de espera, porque muchas personas perdieron sus fuentes de ingreso y buscan alimentos. Y dicen que tienen que “estirar” la comida para que alcance.

Muchos argentinos, si no salen, no trabajan. Y, si no trabajan, no comen. O lo hacen, con suerte, en comedores sociales, los mismos que esta semana denuncian dificultades para asistir a cada vez más gente. El aislamiento obligatorio no es sólo un tema en sí mismo: también funciona como un gran reflector. Echa luz sobre problemas sabidos y proyecta sus sombras, ahora más grandes y agudas. Entre esos problemas figura el de la informalidad laboral, que impacta directamente en los comedores.

“A las 200 raciones de guiso las transformamos en 340”, cuenta Jonathan Rondán, desde un comedor de La Boca. “No cubrimos ni la tercera parte de la gente que viene. Se forma lista de espera, aunque les digamos que no hay lugar”, explica Johanna Benitez, de otro espacio comunitario, en la Villa 20 de Lugano.Newsletters Clarín Coronavirus en la Argentina

“Con la carne para milanesa hacemos guiso para estirar, porque los que hacen changas ahora no pueden laburar”, reconoce Flavia Romero, en un comedor de la Villa 21-24 de Barracas. “Desde que empezó el aislamiento, hacemos rendir como podemos porque la gente se duplicó”, calcula Gladis Garay, del barrio Las Palomas en Soldati.

Flavia Romero, de un comedor de la Villa 21-24 de Barracas, cuenta que estiran la comida para que alcance para más personas.

Flavia Romero, de un comedor de la Villa 21-24 de Barracas, cuenta que estiran la comida para que alcance para más personas.

Incluso en un comedor como Los Piletones de Margarita Barrientos, que venía recibiendo fuerte apoyo estatal y privado, admiten que vieron “esfumarse las donaciones” en el último tiempo. “Necesitamos más alimentos del Gobierno porteño y que las empresas retomen la ayuda que nos daban”, comenta Ezequiel Eguía Seguí, director ejecutivo de la fundación.

El comedor Los Piletones en mejores tiempos. (Photo by JUAN MABROMATA / AFP)

El comedor Los Piletones en mejores tiempos. (Photo by JUAN MABROMATA / AFP)

El Gobierno de la Ciudad aporta alimentos a los comedores sociales a través de programas de Apoyo a Grupos Comunitarios, a cargo de la Subsecretaría de Fortalecimiento Familiar y Comunitario, que depende del Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat porteño. Envía alimentos secos, no perecederos y frescos: carne, pollo, pan, frutas y verduras.

En el marco del aislamiento, esa cartera tomó varias medidas en los comedores sociales, entre ellas la de cerrar el área de mesas para comer en el lugar. En los últimos días, entonces, quienes van hacen fila a distancia reglamentaria para recibir una vianda o llenar de comida caliente sus tuppers.

“Estamos en contacto con cada referente para estar cerca de ellos en este momento y analizar y resolver las necesidades que van surgiendo en el marco de esta cuarentena. En cada barrio se está relevando cada día la demanda con un abordaje territorial diario”, explican desde el Ministerio. Sin embargo, representantes de distintos comedores sociales de la Ciudad cuentan que tienen dificultades para atender una demanda creciente.

En una vereda de La Boca hay líneas amarillas, cada una a un metro o poco más de la anterior. Detrás de cada una, un vecino parado, que espera su ración tupper en mano. Así, multiplicado por 340. “La gente anda como loca buscando alimentos porque cerraron muchos comedores, así que ahora atendemos incluso a quienes no sean de la cooperativa y duplicamos nuestro esfuerzo. Unas 200 raciones con guiso, las transformamos en 340. Últimamente el Gobierno de la Ciudad nos entrega cada vez menos seguido”, sostiene Jonathan Rondán, uno de los referentes del comedor Raimundo Villaflor, del Frente Popular Darío Santillán, que funciona en Olavarría 371.

El comedor del Frente Popular Darío Santillán entrega 340 raciones de comida.

El comedor del Frente Popular Darío Santillán entrega 340 raciones de comida.

Desde el comedor Los Solcitos, de la manzana 28 de la Villa 20 en Lugano, Johanna Benitez ve la misma desesperación, que contagia. “En este tiempo están todos como alborotados y salen a buscar comida por todos lados. Estamos a polenta y guiso, porque no nos alcanza. Queremos que nuestro comedor sea reconocido por el Estado, pero todavía no lo logramos”, cuenta la referente.

En Traskartón, que funciona hace 20 años en la esquina de Portela y Riestra de Villa Soldati, Gladis Garay observa el doble de gente: “Como no damos abasto con la comida, anoto a los que vienen en una lista de espera, para que aunque sea se lleven mercadería que nos manda una iglesia”. “Me la sacan de las manos”, reconoce.

En los comedores "estiran" la comida para sacar más porciones.

En los comedores «estiran» la comida para sacar más porciones.

Flavia Romero, del comedor del Club Popular El Dari de la Villa 21-24, también hace malabares con los recursos disponibles. “Si mandan pollo para hacer al horno, lo usamos en cambio para una salsa con fideos, para poder estirar”, explica. Y cuenta que las raciones llegan bien, pero un poco tarde: “Nos dicen que es por las dificultades de los camiones para transitar, por el aislamiento. Estamos exigiendo que manden los faltantes”.

En el Ministerio destacan que “este es un contexto totalmente extraordinario”. “Teniendo en cuenta esto, estamos trabajando para mantener lo máximo posible la entrega de alimentos frescos para que se pueda seguir cocinando en los comedores, pero también incorporando más alimentos secos que nos permiten trabajar alineados con las medidas sanitarias de distanciamiento social y que las familias puedan cocinar en sus casas”, explica un vocero.

Sin embargo, fuentes cercanas al área reconocen que puede haber demoras en la entrega, aunque aseguran que se debe únicamente a las complicaciones del propio operativo de aislamiento. E indican que se estudia la posibilidad de aumentar las raciones a partir de la próxima semana. “Llamame en unos días y te cuento cómo seguimos -pide Benitez a esta cronista-. Ojalá mejore porque hay cada vez más necesidad”.

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