El nuevo capítulo que vivió la barra de River (Foto: Nicolás Stulberg)

De un lado barras, violentos, mafiosos y delincuentes. Del otro, barras, violentos, mafiosos y delincuentes. Así está planteada la guerra de poder en la barra brava de River, que ayer estuvo a punto de generar un baño de sangre en la previa del partido frente a Lanús. Los Borrachos del Tablón están otra vez en el centro de la escena, repitiendo las imágenes que terminaron con el crimen de Gonzalo Acro en 2007 y con el ataque a la confitería del club en 2014. Con nuevos protagonistas pero el mismo objetivo de siempre: quedarse con el fabuloso botín que genera uno de los dos equipos más grandes de la Argentina cuando falta nada para jugarse la semifinal de la Copa Libertadores, que además de fútbol trae dinero grande, muy grande.

La barra oficial es uno de los vértices de este conflicto. Su reinado data de 2008, cuando tras el crimen de Acro y la causa judicial, cayeron Alan Schlenker (terminó preso con condena a prisión perpetua) y sus laderos más cercanos. Viendo aproximarse el mismo final, Adrián Rousseau también dejó ese primer plano y designó a sus sucesores: Martín Araujo y Guillermo Caverna Godoy. El primero se manejó con bajo perfil y a pesar de tener varios procesos judiciales, sorteó la mayoría y se alejó cuando le pusieron prohibición de concurrencia a la cancha y vio que la pelea podría cobrarse otra cabeza; y él tenía varios números del sorteo.

Caverna, en cambio, decidió continuar con viejos laderos como el Uruguayo Larrain, Chimi Leguizamón y Labio Leporino Patachón. Pero le faltaba fuerza de choque ante el desafío que planteaba la disidente banda del oeste, que por entonces era gobernada por Líder Barraza, Bruja Careri, Richard Gerino y el grupo de patovicas de Ariel el Pato Calvici. Y entonces subió al poder a dos bandos de armas tomar: el de Budge, al mando de Alejandro Medina, y el de Beccar, que organizaban los hermanos Leandro y Mauro Ferraras. El choque fue inevitable y en 2014 el grupo oficial confirmó tras varios capítulos cruentos su reinado. En un acto desesperado por retomar el poder, a horas del Superclásico por la Sudamericana de noviembre de 2014, la disidente atacó en la confitería del club en medio de chicos y socios comunes, lo que originó una causa judicial que terminó por desarticular a ese grupo.

Desde entonces, la tribuna Sívori del Monumental fue dominio absoluto de los Caverna boys. Manejaban la reventa, los trapitos, la venta de comida y bebida en los alrededores del estadio, el merchandising ilegal. Fue una época de bonanza absoluta para ellos, que hasta jugaban al fútbol en el club y hacían del quincho otra vez su lugar. Pero los grupos de Budge y Beccar se fueron poniendo cada vez más violentos. Y algunos dirigentes comenzaron a temer por su integridad. Igual, nada cambiaba hasta que la Justicia encaró una investigación por reventa de entradas que llegó hasta Godoy, al que allanaron el día anterior de la final de la Copa Libertadores 2018: entre pesos, dólares, aparatos tecnológicos, entradas y merchandising oficial del club le sacaron la friolera de 11 millones de pesos. Y como tenía los 300 carnets de los miembros de su grupo, el Gobierno los incluyó en el derecho de admisión. Fue un golpe tremendo.

Héctor “Caverna” Godoy
Héctor “Caverna” Godoy

A partir de ahí, los miembros de la facción disidente vieron que podían tener su oportunidad de regresar. La dirigencia de River, como nunca antes, decidió cortar todos los vínculos, con la espada de Damocles de la Justicia en la cabeza. Así, la barra oficial se quedó sin las entradas habituales y tampoco pudo reclutar nuevos integrantes para la popular, ya que el club prohibió la venta a la Sívori a todo aquel que no tuviera un año de antigüedad como socio. Además, generó un sistema cruzado de información con el Renaper para que nadie pudiera falsificar identidades, como sucedía a menudo. Y limitó los tickets de protocolo y cerró la venta interna y a las filiales, otra fuente de financiamiento para la barra.

Con el Monumental libre de violentos (sólo aparecieron en todo su esplendor en el partido despedida de Mora, no organizado por la institución), se pensaba en una paz duradera. Pero desde Moreno se estaba gestando el nuevo grupo. Alexis Núñez Giogosa, que estuvo en la barra hasta ser echado en 2012, fue tomando «piernas», como se dice en la jerga barra. También incluyó gente de Merlo. Muchos de éstos trabajan de seguridad en boliches de esa zona del Conurbano y otros hacen sus tareas de trapitos. Y también están ligados al poder de ambos municipios. A él se unió Alejandro Flores, el Zapatero, que lideró la vieja barra de River a finales de los 90, cuando era un puntero importante del Partido Justicialista de Capital Federal. Él se encargó de reclutar gente de la Ciudad y de la zona Sur del Conurbano. Algunos de la ex banda del Oeste también se sumaron lo mismo que los patovicas de Ariel Calvici, aunque su líder no diga presente ya que está cumpliendo prisión domiciliaria. Así congregaron a 250 nuevos barras. De a poco, de a grupos de a 50, empezaron a ir a la tribuna Centenario, sin llamar la atención, a palpar el ambiente. Y cuando se supo que River jugaría contra Godoy Cruz por la Copa Argentina en la cancha de Lanús, vieron la oportunidad. Y se organizaron para ganar la tribuna. La noticia cayó como una bomba en la barra oficial y los de Budge fueron a emboscarlos para que no pudieran ingresar. La Policía obtuvo el dato y paró lo que hubiese sido un reguero de sangre. Y también paró en la autopista Cámpora al grupo de Beccar que iba en auxilio de la de Budge para detener a la disidente, que finalmente copó la popular mostrando su bandera de «Nosotros somos la historia», que marca territorio. Se verá hasta donde llega el conflicto. Pero con el prontuario de quienes están al frente de cada bando, nada bueno se puede esperar.

La bandera que colgaron en la tribuna de Lanús
La bandera que colgaron en la tribuna de Lanús