Asegura que la suba tarifaria solo puede hacerse este año. Presiona a gobernadores, sindicatos y empresarios. Temor a la reacción “de la calle”.

Ni la salida de Emilio Monzó, el titular de la Cámara de Diputados, ni los cuestionamientos a sus ministros, ni las críticas a su esquema tarifario lo alteraron:Mauricio Macri endureció su posición con respecto a la oposición, los sindicatos y un sector empresarial.

A pesar de que en la Casa Rosada aceptan que el Presidente sufrió una baja en las encuestas, en particular en la clase media, como anticipó PERFIL la semana pasada, ante sus interlocutores insiste en que “no hay otra salida” que seguir subiendo tarifas, que es “el camino correcto” y ahora se ilusiona con el segundo semestre, en rigor con que en mayo, finalmente, la inflación muestre un fuerte retroceso.

 

La nueva zanahoria oficialista. “Nunca perdimos una elección, este gobierno ha tomado medidas duras y después ganó. Eso le dio fortaleza para encarar los temas. Hoy no negocia la política tarifaria y el Presidente está convencido que el Congreso no va a llevarla adelante”, razona ante este cronista uno de los funcionarios que trabaja a diario con el jefe de Estado. “Macri cree que a mediano plazo va a ganar la batalla cultural y el alza de tarifas será beneficioso”, agrega.

Acaso por ello, Macri suele repetir que el ajuste, que incluye bajar el déficit fiscal como uno de los ejes, solo podía realizarse en 2018, alejado del año electoral. Sin embargo, el miércoles la oposición podría darle una mala noticia en Diputados: la comisión de Presupuesto convocó a una reunión para tratar un proyecto consensuado por el PJ, desde el kirchnerismo al massismo pasando por el bloque animan los gobernadores peronistas (ver página 4). Para el oficialismo, es “inviable” porque aumentaría el gasto público y bajar el déficit es una de las obsesiones del Presidente. Pero, con salida de Monzó de Diputados, nadie se inmutó aún en el bloque macrista: en estas horas en el chat que tienen los diputados solo se divirtieron felicitando a Héctor “Toty” Flores por haber sido merecedor de un premio Konex. Ni Nicolás Massot, el jefe de la bancada, ni el propio Monzó se mostraron preocupados por frenar la embestida opositora.

Macri ya adelantó que no dudará en vetar el proyecto y cree que, al igual que con la ley antidespidos, el costo político será muy pequeño o nulo. “Ya pagó el costo con el aumento de tarifas”, afirman en Balcarce 50. Claro que, a pesar del hiperoptimismo que despliegan en el primer piso de la Casa Rosada, y en particular el jefe de Gabinete, Marcos Peña, la posibilidad de que un veto genera una reacción en la calle, cacerolas o ruidazos de por medio, son un riesgo latente. Como con la ley previsional, si hay protestas masivas el escenario podría cambiar o, al menos, suponer un impacto mayor en las encuestas.

Gobernadores. Mientras tanto, el endurecimiento del Presidente también se puede ver con los gobernadores: intentó trasladarles el conflicto tarifario y los puso en el centro por los impuestos que aplican a los servicios. Tuvo su efecto positivo: San Juan, Entre Ríos, Misiones y hasta Santa Cruz anunciaron cambios en su impuestos para bajar las tarifas. A ellos se sumaron los tres oficialistas: María Eugenia Vidal, Horacio Rodríguez Larreta y Gustavo Valdés, de Corrientes.

El costado negativo: muchos de ellos, que eran cercanos a la Rosada, comenzaron a bufar por haberles tirado la pelota. En el Gobierno ya aseguran que, a medida que se acerquen las elecciones de 2019, se tensará cada vez más la cuerda con los mandatarios provinciales.

Los sindicatos son otra muestra: bancarios, camioneros, docentes (en especial Ctera) son algunos de los que están siendo auditados. El jefe de Estado los considera parte “del pasado” y los asocia al kirchnerismo, mientras sigue poniendo ejemplos con el de los petroleros con Vaca Muerta, que cambiaron su convenio colectivo de trabajo atado a la productividad.

La intransigencia de Macri tiene su lado empresarial: los industriales, nucleados en la UIA, los laboratorios y el negocio farmacéutico, y hasta varias empresas de servicios públicos (que hasta ahora siguen enmudecidas a pesar del conflicto con las tarifas) están en la mira. Por el contrario, el campo, la minería y el sector de la energía renovable siguen siendo las vede-ttes empresariales, junto a la
construcción.

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