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En el día de hoy,  en el suplemento policiales, el diario Clarín ensayó un extenso informe sobre la carrera del baraderense Tito Branto, y lo hizo de la manera que sigue a continuación:

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La larga carrera de un asaltante para matar a un policía con ayuda de la Justicia

Roberto Branto Ayala comete un delito detrás del otro desde los ’80. Un juez le dio salidas transitorias el año pasado y ahora mató a un agente.

La larga carrera de un asaltante para matar a un policía con ayuda de la Justicia

 

Roberto Gerardo Branto Ayala salió de la cárcel de todas las formas en las que se puede salir de una cárcel. La última fue gracias a la generosidad de un juez.

fue letal.

Eso sí, nunca cumplió una condena entera.

Antes de hacerse hombre ya era delincuente. Se fue de la casa de sus padres, en la ciudad bonaerense de Baradero, sin haber cumplido aún los 18 y con el apuro de perfeccionar su incipiente carrera de contrabandista. Con gente más grande, y algún que otro familiar, se dedicaba a cruzar por las islas del río Paraná todo aquello que pudiera darle algún tipo de ganancia ilegal:desde cigarrillos y bebida hasta ganado cuatrereado.

La especialidad pronto le quedó chica. Hacia 1986 ya asaltaba negocios -al menos una carnicería y un hotel, recuerdan en San Pedro- y poco después pasó a objetivos mayores. Sobre todo cuando se cruzó en su camino un hombre oriundo de Lima que por entonces se dedicaba al cuatrerismo y que se convertiríadurante una década en el delincuente más buscado del país: Rodolfo “El Ruso” Lohrman.

Dicen que el carácter explosivo de Branto Ayala solía llevarlo ya por entonces a usar más las armas que la cabeza. Y que era Lohrman, futuro Enemigo Público Número 1 no sólo de Argentina sino también de Paraguay y el sur de Brasil, quien lo moderaba.

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A fines de los 80, “El Zurdo” Branto Ayala ya era un ladrón consumado, violento y sofisticado. El 30 de marzo de 1990 cayó preso en San Isidro por asociación ilícita y robos reiterados, acompañado por su hermano Marcelo. Los enviaron al penal de Azul, donde se reencontraron con Lohrman, detenido poco antes por “robo calificado de ganado mayor” y juntos fueron algo más que dinamita. Los registros penitenciarios los muestran encabezando, en pocos meses, una huelga de hambre general y dos motines, uno de ellos con toma de rehenes incluida.

Aún así, a Branto Ayala le dieron la libertad condicional a los pocos meses, lo que le permitió reunirse con Lohrman para protagonizar juntos un asalto que todavía hoy recuerdan en Baradero: el golpe comando al Banco Río del 27 de abril de 1995. Aquel día, una decena de asaltantes copó la sucursal, tomó 12 rehenes y se llevó 500.000 pesos/dólares.

Branto Ayala tuvo el rol de “fusilero”: cubrió la entrada y la salida con ráfagas de FAL.

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Pero alguien los delató. Cuenta la leyenda que “El Zurdo” regresaba a la ciudad disfrazado de cura cuando su auto volcó y lo mandó al hospital local, donde una enfermera lo entregó. Así, antes de fines de año, “El Zurdo” estaba preso otra vez, ahora en el penal de Sierra Chica. Los muros de piedra de esta cárcel, quizás la más dura de la Provincia, no lo amedrentaron: en noviembre protagonizó un intento de fuga junto a otro asaltante famoso, Hugo “La Garza” Sosa -mano derecha de Luis “El Gordo” Valor-, y a otros 30 internos. Fracasaron, los separaron y a él lo enviaron a La Plata, donde en los meses siguientes protagonizó un motín, un intento de fuga con toma de rehenes y otro con el apoyo de cómplices que llegaron con armas desde afuera.

Branto Ayala fue a parar a la cárcel de Mercedes, pero otro intento de fuga le valió el traslado a General Alvear. Como 20 años después harían los acusados por el triple crimen de General Rodríguez, “El Zurdo” se escaparía de allí en 1997.

Su reinserción se daría, otra vez, junto a Lohrman, a los bancos y a los camiones blindados. Juntos salieron de gira por Santa Fe, Córdoba, Tucumán e incluso Misiones: cruzaban autos frente a los transportes de caudales, Branto Ayala se les paraba adelante con una AK-47 y vaciaba el cargador sobre el parabrisas hasta que les abrían las puertas.

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A las 9.13 de la mañana del 28 de septiembre de 1999, acompañados por un ex gendarme y un ex concejal de Merlo, los dos entraron al Banco Bisel de Posadas vestidos de camisa y corbata, levantaron 373.000 pesos/dólares y a las 9.15 salieron por la puerta principal con un policía como escudo. Subieron a un Peugeot 306 robado la noche anterior, lo abandonaron a las pocas cuadras y huyeron en otro coche, desde el que tiraron cientos de clavos “miguelito” para abortar cualquier persecución.

Los 2000 encontraron a Branto Ayala prófugo y asaltando bancos por distintos pueblos del interior de Santa Fe y Córdoba, ya con nuevas compañías. Se cree que el 13 de abril de ese año lideró el robo de 50.000 pesos a una sucursal del Banco de Córdoba en Río Cuarto, golpe que derivó en una locura de siete horas: uno de los integrantes de su banda, su hermano Marcelo Branto Ayala, escapó en un micro de línea y lo descubrieron, tomó de rehenes a todos los pasajeros con la ayuda de un cómplice, luego capturó un segundo ómnibus -con otros 40 pasajeros-, protagonizó un tiroteo con la Policía en una estación de servicio, llegó a Venado Tuerto (Santa Fe), usó de escudo al juez Hugo Perassi -que resultó baleado- y terminó siendo asesinado por un rehén.

Hombre de familia, el 22 de noviembre de 2001 “El Zurdo” reapareció en otro banco pero junto a su hijo mayor, Sergio Branto. Fueron al Banco Francés de Belgrano y Ejército del Norte, en la capital tucumana, y sorprendieron a un policía cuando abría. En menos de 40 segundos, se llevaron 22.000 pesos. Pero los atraparon en la huida, en Santiago del Estero.

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En el penal de Villa Urquiza, Branto Ayala tuvo inconvenientes porque empezó a robarles pertenencias a otros presos. Le pegaron, lo cambiaron de penal y se burló de las visitas de sus compañeros, por lo que lo golpearon y lo enviaron al hospital. Podría haber muerto por los conflictos carcelarios, pero pronto descubrió otra forma de abandonar la prisión: a los dos años de su arresto, su abogado presentó un pedido de excarcelaciónpor el tiempo que llevaba sin haber sido juzgado, le fijaron una fianza de 30.000 pesos y lo dejaron libre.

Los tiempos habían cambiado, y el “Ruso” Lorhman seguía marcando el camino: el nuevo negocio eran los secuestros extorsivos, como los de Cristian Schaerer y de Patricia Nine. Branto Ayala se estableció en un country del conurbano bonaerense, el Champagnat de Pilar, y pronto lo relacionaron con el secuestro de la francesa Anne Sophie Coisne -ocurrido en la puerta de ese mismo country-, con el de la esposa del delegado de AFIP en Pergamino, Cristina Taborda, y con el de Claudia Miranda, dueña de un supermercado de Baradero. Por todos se cobraron rescates superiores a los 200.000 pesos.

En noviembre de 2004 la Policía fue a detener a Branto al country y él intentó escapar a los tiros: llevaba una ametralladora UZI. Lo atraparon y por fin fue a juicio, donde lo condenaron a 28 años y medio de cárcel. Su pena debía vencer el 29 de septiembre de 2026.

Pero en la Argentina nada es tan simple.

El 18 de julio de 2007, mientras Branto Ayala comenzaba a cumplir su condena, Gabriel Alejandro David fue nombrado juez de Ejecución Penal N° 1 de San Isidro. Al poco tiempo, el magistrado se hizo conocido en ese distrito por declarar “inconstitucional” la calificación de “reincidente” que pesaba sobre un delincuente, ya que él quería darle la libertad condicional y ese rótulo se lo impedía. Para hacerlo, citó un fallo de Eugenio Zaffaroni. La respuesta de la Cámara de Garantías fue advertirle que estaba cayendo en una “desorbitada facultad judicial que por sí y ante sí se considera autorizada a modificar las bases esenciales de la política criminal del país”.

La larga carrera de un asaltante para matar a un policía con ayuda de la Justicia

juez Gabriel Alejandro David

En mayo de 2014, el mismo juez David le concedió la “libertad anticipada” de prisión al asaltante de bancos Luis “El Gordo” Valor; a los dos meses, la Policía lo recapturaría en un auto lleno de armas. En abril de 2016, le dio “salidas transitorias” de la cárcel a un ladrón, Jonathan Maidana, quien al mes siguiente asesinó en un robo al prefecto Rosario Toledo.

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Y en 2017, al despacho del juez David llegó el pedido del “Zurdo” Branto Ayala para obtener “salidas transitorias” de la cárcel. El magistrado, generoso, se las concedió el 28 de junio, “por el lapso total de 12 horas mensuales divididas en 3 horas semanales, pudiendo optar el interno por hacerlas efectivas de manera quincenal o mensual, más el tiempo que demande el traslado desde la cárcel donde se encuentra hasta su domicilio”, dice la resolución.

Gracias a David, Branto Ayala empezó a salir enseguida del penal de Ezeiza, supuestamente para ir a pasar tiempo en una casa del barrio Trujuy, en San Miguel. Así lo hizo -o no, quién lo sabe- hasta el 17 de octubre pasado, cuando decidió no regresar más a prisión.

Y nadie salió a buscarlo.

El jueves de la semana pasada, tres ladrones asaltaron un camión repartidor de galletitas en pleno San Pedro. Esperaban encontrar 100.000 pesos, pero sólo hallaron 55.000 y la resistencia de un policía: el oficial Nelson Lillo, 27 años de edad y uno en la Fuerza. Hubo un tiroteo y el policía terminó asesinado.

La larga carrera de un asaltante para matar a un policía con ayuda de la Justicia

Víctima. Nelson Lillo había cumplido un año de policía en diciembre. (Noticias San Pedro) Nelson Lillo Llevaba un año como policía, quiso evitar un asalto a un camion y lo mataron a balazos inseguridad homicidios asesinatos

Los investigadores salieron a buscar a un hijo del “Zurdo”, Nazareno Branto, quien acababa de salir de prisión tras cumplir 10 años por matar a un agente penitenciario. Pero se equivocaban: el autor del crimen de Lillo era el propio “Zurdo” Branto Ayala, ya de veteranos 62 años. Lo ubicaron el sábado en San Pedro, con las heridas aún frescas del tiroteo con el policía al que asesinó. Quiso dar un nombre falso, pero los nombres de sus hijos tatuados en sus brazos, Sergio y Nazareno, lo delataron. Y quedó preso.

Por ahora.

CLARIN

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