Despidos masivos en el sector público y empresas privadas. Tarifazos presentados como beneficio a los usuarios. La lógica macrista para los años pares. Movilizaciones en el conurbano, en Azul, en Mar del Plata. Ministros que prosperan con las medidas que dictan. Algo sobre violencias calladas o negadas.

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La fábrica Fanazul depende de Fabricaciones Militares (FM). Funciona hace 71 años. Está ubicada en la ciudad de Azul, cabeza del Partido bonaerense homónimo, cuya población según el censo 2010 era de 55.278 habitantes. FM decretó el cierre de la planta, un regalo de Reyes para 219 trabajadores (algo así como cuatro por mil de la población total) que fueron despedidos. El intendente de Azul, Hernán Bertellys, convocó a un Comité de crisis compuesto también por el interventor de FM, sindicalistas de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), concejales, empleados de Fanazul. La ambición de máxima es mantener activa la planta. Una movilización vecinal masiva se congregó frente a la Municipalidad en protesta por la medida. Pobló la clásica Plaza de las ciudades de provincia, el número de manifestantes multiplicaba por varias veces al de los despedidos. Un apagón solidario potenció la movida. La sociedad civil intuye o (quién sabe) sencillamente recuerda cuáles son las secuelas de los cierres de fábricas.

Dejando de lado detalles específicos acaso espeluznantes (en Fanazul funciona un arsenal), la imagen hace juego con lo que sucede en muchos puntos del país. Los despidos para recibir el año son una rutina del Gobierno del presidente Mauricio Macri, desde sus pininos.

Se repiten en el sector público, en particular el nacional y el de Buenos Aires. Las empresas privadas cooperan, en simbiosis con el Estado, una sinergia negativa.

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Algunas personas que se quedan en la calle al comenzar el verano reciben notificaciones conforme estipulan las leyes. Pero es habitual que la ilegalidad y el sadismo acentúen la intrínseca dureza de las cesantías. En la era Cambiemos se añaden otras modalidades: por ejemplo, el anuncio lo realizan fuerzas de seguridad que impiden a los laburantes entrar a su lugar de trabajo. La Policía Bonaerense cumplió dicha labor extracurricular en la metalúrgica Envases del Plata, sita en El Palomar, al oeste de Conurbano bonaerense, informando con su entrañable presencia a 25 trabajadores. Se los reprime, de pálpito y por costumbre. No son vagos ni cubren sus rostros con pasamontañas, aclaramos por si fuera necesario o pertinente.

Otra forma de anoticiarse es el rechazo en los molinetes u otros mecanismos de control de acceso. Sucede, por ejemplo, en medios públicos. Las redes de cajeros automáticos hicieron saber a decenas de miles de titulares de pensiones no contributivas el cese abrupto e inconsulto de sus prestaciones durante el año pasado. Algunas fueron revisadas, otras están esperando un gesto magnánimo de la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley. Se adujo un error, retractado solo en parte.

La laboral es una relación de poder asimétrica cuya regulación propende a tutelar al más débil que por algo se llama dependiente. A la privación del conchabo se añade el maltrato.

El verano de 2018 llega con escaladas del dólar y de la inflación, aumento de tarifas. Los años impares, aleccionan los sabios de la tribu, hay elecciones, en los pares se puede-debe ajustar.

Con medio mandato cumplido, la Argentina trepa a la cima del podio: es el país emergente que tomó más deuda externa en ese lapso. Para que no decaiga, el ministro de Finanzas, Luis Caputo, acrecenté la deuda en 9000 millones de dólares. El destino manifiesto de la mayoría de esos fondos es cubrir el déficit autóctono. No se consigue del todo, por decirlo con un eufemismo.

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El otro amante de la bicicleta: “Estoy leyendo a la prensa seria de su país. Veo que quienes más viajen en bon di, pagarán menos. Enorme sensibilidad social del régimen que usted tanto critica, profesor. Me queda picando una duda: ¿no habrá compañeros que se dediquen a transportarse todo el tiempo, de modo tal de obtener superávit personal y llevarse unos pesos al bolsillo?”. El decano de Sociales de Esto colmo interpela al politólogo sueco que macera durante 15 años una tesis de postgrado sobre la Argentina. Se le han pegado algunos giros locales (“compañeros” “bon di”, la duda que queda picando) y no oculta sus simpatías hacia el macrismo, más para fastidiar a su tesis ta que por afinidad ideológica.

El politólogo le sugiere que lea PáginaI12, cuyos cronistas explican que el efecto benéfico del aumento solo podría alcanzar, como máximo, al 20 por ciento de los usuarios. Un sentido común básico ayudaría al Decano a comprender que cuando se aumenta un servicio es para mejorar los ingresos del prestador.

La jerga macrista camuflar el sentido de las acciones: ahora dicen que se ahorra “gasto social” mejorando el nivel adquisitivo de los jubilados. Se les paga más y de ese modo, baja el déficit. Si algo no le cierra, lector, no culpe a este cronista.

El politólogo responde veloz, algo fastidiado porque su más que amiga y, coyunturalmente, menos que novia (la pelirroja progre que ahora discute sobre la unidad del peronismo) emprendió viaje hacia los doradas playas de Brasil. Allí la arena es muy blanca, el agua tibia, el sol tropical y diz que abundan otros atractivos o tentaciones. En ellos piensa (y se persigue) el sueco, atrapado en Buenos Aires tratando de dibujar una rendición de cuentas que le piden desde la casa matriz.

La balanza turística da pésimo y añade rojo al conjunto de la balanza comercial. Las fluctuaciones económico-financieras de Argentina y sus países limítrofes generan cambios de flujos: los particulares son hábiles para hacer cuentas. No es la primera vez ni primicia de la etapa. En esta coyuntura se complementa con una parva de indicadores negativos.

El ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, anunció aumentos de los pasajes, astronómicos pero no definitivos: tal vez haya una nueva vuelta de tuerca cuando arribe el invierno.

Al funcionario no le fue mal, en sus negocios particulares. Las ventas de automóviles, fuente de su riqueza personal-familiar, treparon en el ejercicio 2017. Suenen claras trompetas de gloria para él, tanto como para el país hermano y vecino. La mayoría de los vehículos con patentes flamantes son importados; Brasil decime qué se siente.

Como su colega de Agroindustria, Miguel Etchevehere, Dietrich ha mejorado su patrimonio en la era macrista, en parte por medidas sectoriales que adoptó. Esa variante de movilidad económica ascendente no es considerada corrupción por los manuales de transparencia más frecuentados. El mito del sacrificio de la CEOcracia, que tiene tan buena prensa, tropieza con los datos. La mayoría de los funcionarios se enriquece. El titular de Hacienda, Nicolás Dujovne, convalidó la devaluación y mejoró el valor en pesos de su patrimonio anclado en dólares.

Dietrich es un devoto de la bicicleta en sentido estricto: las usa para escurrirse dentro del tránsito porteño desde hace mucho.

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No hay Merval que por bien no venga: Federico Sturzenegger, presidente del Banco Central, es un cultor de la bicicleta, en sentido figurado. La inversión en Lebac le ganó lejos al dólar en el año que acabamos de despedir. La inflación, caramba, asimismo dejó atrás a la divisa pese al entusiasta sprint final de los verdes.

La Bolsa la pasó de rechupete: el índice Merval trepó más de un 77 por ciento, la City porteña ranquea alto en los altares de la timba global.

Nada ni nadie es perfecto; las metas de inflación anunciadas por el elenco económico ya entraron en el pasado. Los jubilados y titulares de derechos sociales arrancaron el año con el pie izquierdo, con perdón de la palabra.

Los despedidos del sector formal cuentan todavía con la chance de ser defendidos por los sindicatos. La conducción nacional de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) y varias seccionales (San Martín, Tres de Febrero, San Miguel entre otras) consiguieron que se citara a conciliación obligatoria en Envases del Plata con la consiguiente suspensión de los despidos. Con ministerios de Trabajo corpos friendly el porvenir es incierto pero la lucha puede revertir o matizar las correlaciones de fuerzas. No es necesario tener la bola de cristal para vaticinar que los delegados, las seccionales combativas y el despertar de las conducciones nacionales serán claves en esta etapa.

Si la puja fracasa, el porvenir de los cesantes y de las ciudades que albergan fábricas en riesgo será sombrío: los puestos perdidos en el sector industrial tienen efecto multiplicador. Las cifras se “promedian” en los conteos oficiales computando esas bajas versus las alzas de emprendedores o monotributistas. Cuenta capciosa, que las hay: son actividades de menos calidad, con baja protección y escaso impacto en el desarrollo local.

Próximos a cumplirse 60 años desde la asunción presidencial de Arturo Frondizi la autodenominada segunda versión del desarrollismo carece de cualquiera de sus virtudes… tal vez porque persigue otros objetivos.

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La política también existe: A los bancos les va bomba, los empresarios que se reconvierten a importadores pueden zafar como en los 90, ejemplo que amerita una relectura. Terminó catastróficamente pero duró diez años .El paradigma macrista es insustentable social y económicamente pero (como la convertibilidad) no tiene fecha de vencimiento. El rebusque de la deuda externa astronómica siempre topa de frente con una pared pero no se sabe cuándo. Hasta ahora, “garpa”.

La memoria alecciona a los opositores del modelo, un abanico demasiado dividido cuya mayoría perdió la elección de medio término. Muchos factores pudieron incidir, entre ellos la suave primavera económica macrista que floreció justo en el momento necesario. El viento de cola del financiamiento internacional ayuda y también la fragmentación de la oferta política alternativa.

Eso explica la resurrección de la palabra “unidad”, una de las más polisémicas del vocabulario peronista, rico y paradójico por demás. El objetivo es sensato, quizá racional… lo que no resuelve muchos intríngulis que corren contra la cuenta regresiva.

La protesta social fue clave en estos dos años, estremece pensar qué hubiera pasado si no hubiera frenado o amortiguado proyectos del Gobierno. Las marchas de repudio al represor Miguel Etchecolatz reviven la repulsa masiva contra el fallo 2×1 de la Corte Suprema. La votación de medio término no despolitizó ni movilizó al conjunto de la sociedad civil.

El intendente de Azul es un dirigente de Cambiemos, coalición que sacó más de la mitad de los votos de esa ciudad en octubre. La primacía electoral es gravitante, no la derogan las minorías intensas que salen a la calle, pueblan las plazas. Seguro que expresan a muchos más que los participantes pero no forman una mayoría o tan siquiera una potente primera minoría electoral. La confluencia de los reclamos y la formulación de un proyecto colectivo común desafían a las oposiciones.

Estalló el verano, titularía Crónica. Los cuerpos se desnudan, tanto como las prioridades del proyecto oficial.

La cantidad de presos políticos sin condena es otro de los records inéditos del macrismo, que comenzó su raid con Milagro Sala. La Casa Rosada denuncia la violencia ajena mientras practica la institucional, en muchas maneras. Sin precedentes comparables desde 1983 (ver nota aparte).

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