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Por qué los periodistas necesitan revalidar cada vez que pueden su condición de “independientes”. ¿Quieren convencer al público de su supuesta independencia, o necesitan convencerse a sí mismos de esta cualidad? Porque uno puede seguir airoso por la vida si está convencido de que es una persona ética ¿Pero cómo seguir con la misma si asume que es un títere en manos de un mafioso que fue cómplice de los genocidas?

Cuando una persona acude a una visita médica, quien la asista la revisará concienzudamente, quizá indique una serie de estudios a realizar, luego dará su diagnóstico y a continuación indicará el tratamiento a seguir. Es muy difícil que el médico en cuestión le recuerde que lo/la atendió en cumplimiento de su juramento hipocrático y que su misión es ayudar a sus pacientes a tener una vida en buen estado de salud, si así lo hiciere el paciente estaría en condiciones de dudar de la salud mental de su médico.

El ejemplo dado se podría aplicar a cualquier profesión u oficio. Imaginemos, por ejemplo a un zapatero componiendo su calzado y dando una clase magistral de que su tarea consiste en hacer que uno vaya bien calzado por la calle, con unos zapatos elegantes y que al mismo tiempo le den una sensación de comodidad y nada de dolor a sus pies. O un plomero que después de arreglar las canillas le deje un escrito indicando que su función es hacer que su casa esté sin goteras o pérdidas de agua, de modo que siempre esté “sequita”.

Ejemplos son infinitos, así, absurdos. Pero existe una profesión en la que muchos de sus exponentes sienten la necesidad de recalcar cada vez que pueden su condición de “independientes”, periodistas que consideran que tienen que revalidar su condición a cada paso que dan, cayendo sin excepciones en el grotesco de los ejemplos anteriores.

En estos casos siempre queda una pregunta flotando: ¿quieren convencer al público de su supuesta independencia, o necesitan convencerse a sí mismos de esta cualidad? Porque uno puede seguir airoso por la vida si está convencido de que es una persona ética ¿Pero cómo seguir con la misma si asume que es un títere en manos de un mafioso que fue cómplice de los genocidas? Es necesario cerrar los ojos, seguir hacia adelante, olvidar. Si se puede. Y acudir a la poesía para atenuar esa angustia, donde sea, y cambiar de vida, cuando cuadre
“Estando para morir
he llegado a conocer
que ni sabré merecer
ni me podré arrepentir”.

“Don Juan de Tassis y Peralta”

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