susana_gimenez_mundial

Por PABLO ARIEL GONZALEZ

Hay que acabar con la indiada argentina que domingo tras domingo, llena y desde las tribunas, hace único a nuestro fútbol en toda la tierra, esta conducta no es propia de sociedades civilizadas.

Tenemos que dejar de ser, ergo, tirar al tacho nuestra cultura de siempre, y adoptar esa, la que caracteriza a los países «desarrollados»

El público tiene que estar sentado, a algo similar a lo que acontece en una sala de teatro debemos tender los argentinos al momento de pisar una cancha de fútbol, nada de bombos, nada de banderas, nada de gritos, nada de insultos, nada de pirotecnia, nada de nada que no acontece y sin excepción, en un concierto de música clásica, debe salir a relucir en las tribunas argentas.

Todo lo nuestro y que nos diferencia del resto del planeta, viene siendo combatido y cuestionado desde hace años en nuestro país por aquellos que ejercen el periodismo que lucra de todos nosotros y de esta pasión que tenemos y que tanto «los irrita» al momento de opinar sobre el tema, y por los otros, aquellos que nunca pisaron ni pisarán una cancha, salvo cuando juega la selección y las «celebridades» que a ella la representan en el verde césped.

El «Vamos vamos Argentina, vamos vamos a ganar, que esta barra quilombera, no te deja no te deja de alentar» es un claro reflejo de todo esto, 30 años de hegemonía y exclusividad en una tribuna explican muchas cosas, una de ellas esta: Cuando juega la selección, sus tribunas están pobladas, por algo y por quienes, no representan el «autentico» sentir futbolero de nuestro país.

A los «condimentadores»  los echaron, y en su lugar plantaron cuerpos sin almas, esqueletos carentes de pasión, mucho chico y chica bien, socialmente correcta, que no entiende, porque nunca lo sentirá, lo que significa que 100 visitantes griten más que 50 mil espectadores que hacen las veces de local.

Cómo hacerles entender que la tribuna en nuestro país, es un jugador más, muy robusto, que envalentona a propios y amilana a extraños cunado marca el terreno desde el tablón, y que lo contrario es vergonzante, amargo, frío, y desde el silencio que expresa, por demás de doloroso y humillante.

Menos el valor de las entradas, y el privilegio de los periodistas, en una cancha, todo lo que hace a lo nuestro, nuestra cultura, viene siendo y sin pausa, combatido mediaticamente por quienes aburguesados de pasión, y motivados solo por el dinero que el deporte más popular del mundo genera , y al que en caravanas del mundo llegan, porque no quieren irse al cielo sin antes haber experimentado lo que se siente, domingo tras domingo, en nuestras canchas, con ellos, los que subidos al para avalanchas, los 90 minutos no dejan de alentar a su equipo, sea cual sea el color de su camiseta.

Del mundo, y hay que decirlo, de a cientos año tras año llegan aprender, tratar de imitar, plagiar nuestros cantos, tratar de copiar, aunque sea en un porcentaje treinta veces menor nuestro aliento ¿Porqué será che si es tan malo?

Si por los detractores fuera, cerrarían las tribunas, porque el negocio no yace ahí, está en la caja boba, la gran guita ahí se hace espartana, y para eso necesitan de nosotros, pero no como somos, sino como ellos desean que seamos.

En ninguna cancha del mundo, al momento de enfrentarse equipos de su país, ocurre y se vive lo que se vive acá, y vaya paradoja, tampoco en ningún lugar del mundo ocurre lo que ocurre acá cada vez que juega la selección, el silencio en las tribunas no tiene parangon en el planeta tierra.

Cada vez que se juega un River Boca, del mundo parten tropas en busca de vivir esta maravilla única que acontece en una cancha de fútbol, pero no se confundan, no vienen seducidos por los que patean la pelotita, vienen a ver las tribunas, pero claro, ya ni eso nos queda, hoy en la Argentina, en un echo que décadas atrás nadie siquiera hubiera imaginado, cada vez que un equipo visitante mete un gol, el jugador que lo convierte, a nadie tiene para ir a dedicárselo, su hinchada tiene prohibido el acceso a un territorio que no le pertenece.

¿Te imaginas un Barcelona Real Madrid con 22 suplentes en la cancha? con ellos ocurre lo mismo que con nuestro clásico, pero lo que en ellos convoca son las estrellas que calzan amabas camisetas, nunca matarían su negocio, son consientes que el descansa en la garantía de sus estrellas enfrentándose en el terreno de juego, y nosotros, por el contrario todo distinto, a nuestra gallina que pone huevos de oro, la mandamos tres metros bajo tierra, y sin piedad alguna.

Con los equipos, a pesar de tanto arremeter y sin pausa para lograrlo, no pudieron, las bandas y la fiesta que ellas generan, siguen vivas y más que presentes.

Con la selección lo lograron, y ahí están las consecuencias, somos la hinchada MÁS AMARGA DEL MUNDO.