Natalia Oreiro interpretará a Gilda en la pantalla grande  
Natalia Oreiro interpretará a Gilda en la pantalla grande  

La vida de Gilda llegó a la pantalla grande hace unos días. Natalia Oreiro interpreta a la cantante de cumbia en la película No me arrepiento de este amor, dirigida por Lorena Muñoz, que se está filmando en estos momentos.

En la página oficial de Instagram del largometraje, publicaron algunas imágenes del rodaje. La esposa de Ricardo Mollo sorprende con la transformación que realizó para encarnar al personaje que se convirtió en un ícono popular luego de morir en un accidente automovilístico.

Asimismo, publicaron en la red social un video que grabaron durante un ensayo de la banda con Natalia, con algunos músicos que tocaron junto a Gilda sobre los escenarios, como Cristian Bonano y Sebastián Mendoza.

Además, la actriz Ángela Torres, quien se pondrá en la piel de Gilda en su juventud, compartió con sus seguidores de Instagram unas fotos del rodaje. En el elenco también participan Lautaro Delgado, Roly Serrano y Susana Pampín, entre otros.

Natalia Oreiro confesó que interpretar a Gilda es un sueño cumplido y reveló que no fue fácil conseguir los derechos para hacer la película: «Pasé con muchos directores que quisieron hacer la peli que nunca consiguieron los derechos. Porque su hijo no quería que se contara la película porque no era el momento. Finalmente Lorena Muñoz que es otra mujer muy fuerte le llevó una canción mía interpretando a su mamá y una carta escrita por las dos, creo que logramos conmoverlo y demostrarle nuestra admiración y el hijo dijo ‘es el momento’…».

Natalia Oreiro y Ángela Torres con Lorena Muñoz, la directora de la película
Natalia Oreiro y Ángela Torres con Lorena Muñoz, la directora de la película

Antes del estreno de la historia, se generó una polémica ya que Juan Carlos «Toti» Giménez, quien fue manager y pareja de la artista fallecida en 1996, criticó este proyecto: «Yo hubiera hecho otra cosa, más parecido a lo que fue. No sé si voy a ir al estreno porque la historia que yo viví es mucho más interesante que la que se puede ver en una pantalla».

La película se encara a batir todos los records.

Dos miradas sobre la película de Gilda

Gilda. No me arrepiento de este amor es uno de los éxitos del cine nacional. Acá, dos visiones sobre la película de Lorena Muñoz.

A FAVOR

El plano secuencia inicial de Gilda: no me arrepiento de este amor, en el que se constata, desde el interior del automóvil que lleva el féretro, el deseo de algunos seguidores de despedirse de la cantante, se comprende, más allá de su evidente significado, en el epílogo. Gilda, ante un estadio lleno, apoya el micrófono en su corazón para materializar sonoramente el sentimiento predominante que tiene por su público. La ostensible comunión no es sensiblería ni chantaje sentimental; es la expresión directa de una experiencia que define el misterio del arte popular y que el filme de Lorena Muñoz desentraña amablemente.

La cultura popular nace de los humildes, pero trasciende el alcance inicial de sus primeros destinatarios. Un artista y sus canciones pueden suspender inexplicablemente las preferencias y diferencias de clase y así universalizar una experiencia sensible que ha tenido origen en la más inmediata posesión de la realidad. Cada vez que el filme muestra a Gilda componer uno de sus temas somos testigos de cómo los elementos cotidianos de su propia vida adquieren letra y música, fugaz momento en el que lo íntimo coincide con lo multitudinario. La sensibilidad formal del filme duplica lo que escenifica, siempre a la altura de su objeto.

Lo popular, además, puede ser sofisticado. Un ejemplo: el padre de Gilda le enseña a reconocer las notas de la guitarra. Cuando suena el Mi agudo la continuidad sonora se encadena al plano siguiente que sale del flashback con Gilda tocando un Mi mayor. El sonido de una nota unifica pasado y presente. Esa microscopía de la puesta en escena es una constante.

Todo está bien en Gilda: los intérpretes, el espíritu de época, la austeridad para incluir la dimensión religiosa, el placer por hacer música. Desde Gatica, el Mono, el cine argentino no contaba con una película de esta naturaleza. Es casi un milagro.

En contra: Hay que ponerse puntilloso para ver los problemas

Es menester comenzar con una afirmación: la biopic de Gilda no tiene fisuras. Lorena Muñoz, la directora, logró plasmar sin morbo una historia transida de claroscuros que no se vuelven juicios, emotiva hasta las lágrimas.

La cantante habita en la piel de un mito con aires de santidad, y su trabajo artístico emparda en el imaginario popular con su halo sanador y milagroso. La santa de la cumbia que perdió la vida antes de probar las mieles del éxito, tiene un homenaje a la altura del cariño de sus seguidores.

Sobre Gilda, no me arrepiento de este amor, pueden señalarse algunas aristas mínimas, y esto forzando por demás la lupa.

Pueden sugerir preguntas (más que críticas) sobre la interpretación (soberbia) de Oreiro. A veces resulta difícil abstraerse, porque la caracterización está muy bien lograda, y eso habilita el cuestionamiento retórico: ¿Se consiguió una caracterización genial o una imitación calcada? O más claro: ¿Cuál es el mérito de un actor que le aporta vida propia al personaje respecto de alguien que imita a la perfección a otra persona?

Luego podríamos observar la banda de sonido. Tratándose de una cantante cuya fuerza radicó en la empatía de su música con el público, ¿había necesidad de usar la voz de la protagonista?

Por último, quizá, la figura asexuada que se le otorga a Gilda, pintada como carente de libido.

Son detalles. Sin dudas, la película es necesaria para darle justa dimensión a un fenómeno incomprensible que también dejó un legado místico. Y a pesar de que puedan aparecer ahora “cuestiones legales” nacidas de la disidencia del entorno real, el resultado supera cualquier señalamiento.

Conformar a todo el mundo es imposible. Aunque en este caso, el consenso sea mayoritario a favor de aplaudir un trabajo que lo tiene bien merecido.