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.El siguiente relato nos lo acerca Eduardo, un asiduo lector del sitio. Siguiendo nuestra política de compartir esta clase de vivencias para entre todos poder llegar hacia alguna respuesta satisfactoria y poder echar luz sobre las penumbras de aquellos misterios que, de tanto en tanto nos asechan en los vaivenes de nuestra existencia :
Estimados. Lo siguiente nos pasó hace unos cuantos años. Le ocurrió a mi pequeña hija de 2 años. Una noche empezamos a escuchar con mi esposa que la nena hablaba y se reía sola (cabe aclarar que compartía la pieza con su hermano de 5 años). Lo tomamos como una simple cuestión infantil y no le prestamos mayor atención. La situación se repitió por unas 2 noches seguidas, hasta que a la siguiente noche la risa se convirtió en llanto. Fuimos a su habitación, la vimos sentada y llorando desconsoladamente. Tratamos de calmarla pero fue en vano. No paraba de llorar y no había forma de acostarla. Esa noche durmió con nosotros.
A la noche siguiente la situación se repitió. Lloraba de una forma nunca vista por nosotros. Decidimos quedarnos sentados al lado de su cuna y ella seguía llorando, siempre sentada. A esas alturas ya empezamos a sospechar que algo fuera de lo físicamente palpable y normal estaba causando esa situación. La primera en aventurarse y decirlo fue mi señora esposa: “algo hay” me dijo, y se me vuelven a erizar los pelos de solo recordarlo. Yo me reconozco ateo, mi señora fiel creyente de Dios. Inmediatamente creció en mí una bronca terrible. No tenía herramientas para enfrentar esta situación. Miraba para todos lados de la pieza amenazando y puteando esa maldita presencia. Mi esposa con la nena sentada en sus piernas orando mentalmente. Me tuve que resignar y pedir también esa ayuda, sintiéndome un hipócrita.
  Pasamos prácticamente toda la noche en vela. Turnándonos para estar con la nena. Pensando en cómo encontrar una explicación o solución. Al mediodía, cuando regrese del trabajo, mi esposa me dio la novedad: “A la mañana estuve orando, pidiéndole a Dios que me ayude, ni bien termine de orar sentí un ruido en la pieza. Fui a ver y del placar se cayó un pulóver que le regalo tu cuñada. Estaba la puerta del placar abierta y el pulóver en el piso. Lo tire a la basura” Demás está decir que mi hija volvió a dormir plácidamente a partir de esa misma noche. Indagando con mi cuñada la procedencia de ese pulóver, fue un regalo que le hicieron a su hija cuando era pequeña y quien se lo regalo estaba mezclada con algún tipo de espiritismo. Lamentablemente desde ese día no paro de pensar en la condena que tiene mi nena con este tipo de situaciones. Por ello en las noches siempre estoy atento a todo lo que le pase.
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