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El cielo de Núñez volvió a iluminarse por los fuegos artificiales y con el colorido mágico de las noches que contienen un aura potente: una señal inequívoca que el Monumental tuvo motivos para festejar. Lo hizo otra vez River y en una competencia internacional, un campo que hasta hace dos años se le presentaba incómodo, en el que las frustraciones se sucedían y crecía la opresión. Ahora, en cambio, la alegría fluye, la sonrisa acompaña y los trofeos se acumulan en las vitrinas, algunos se repiten de un año a otro, como en esta oportunidad, con la victoria 2-1 sobre Independiente Santa Fe. Aquel estigma que perseguía a los millonarios pasó a ser parte del pasado. No resultará la Recopa Sudamericana el título de mayor prestigio del continente, pero el club necesitaba regalarse una nueva estrella para, con esa luz, volver a alumbrar un ciclo que empezaba a enredarse en el laberinto de los resultados. Pero también porque había extraviado la identidad futbolística que se impuso como un sello distinguido desde que Marcelo Gallardo se enfundó en el traje de entrenador. Con otra impronta, porque es imposible repetir la fórmula si no se tiene los elementos, la vuelta olímpica tiene su marca registrada; con nuevos argumentos y muchos apellidos que recién empiezan a descubrir el planeta River, el festejo vuelve a inflar el pecho de sus hinchas y debería ofrecerse como la plataforma desde donde se relance su juego, ese que permitió que el slogan River vuelve a ser River no sea una combinación de palabras y sí una realidad.

Reinventarse, reconstruirse, es un desafío, un estímulo. Y ahí está el secreto de porqué River encadenó, con diferentes matices en su juego y en la estructura, la Copa Sudamericana 2014 y al año siguiente completó el póquer de éxitos con la Recopa Sudamericana, la Copa Libertadores y la Suruga Bank. Es un equipo que automáticamente se fue reconvirtiendo cuando le tomaron la mano, en una búsqueda constante para intentar que no se corten los festejos. Una mentalidad fuerte y correr riesgos, los atributos que desde que asumió impuso como dogma Gallardo, con estadísticas muy favorables en las definiciones de mata-mata, aunque las últimas experiencias internacionales lo habían dejado lastimado ante rivales de poderío dispar, ya que el recorrido incluyó a Huracán, Barcelona e Independiente del Valle.

La conquista de esta Recopa Sudamericana es una regalía de lo que fue, pero también se tendría que presentar como el acto para que el nuevo modelo salga de la probeta y se transforme en un equipo fiable. No es sencilla la tarea si desde aquella primera celebración en 2014 y la de anoche, el mayor número de los nombres que devolvieron el magnetismo y la gloria ya no están. La base a la que le daban forma Barovero, Mercado, Funes Mori, Vangioni, Sánchez, Kranevitter, Pisculichi, Teo Gutiérrez, emigró; también muchas de las piezas de recambio que uso Gallardo tampoco están, como Cavenaghi, Mammana, Pezzella, Álvarez Balanta; con menos peso y participación, los regresos de históricos como Aimar, Saviola y Lucho González no alcanzaron para repetir la matriz del equipo insoportable con el que River hizo diferencias.

Sin aquellos ilustres, al bronce ahora le deberán sacar lustre el juvenil Batalla -una jugada fuerte de Gallardo-, el paraguayo Moreira, el ecuatoriano Mina, Nacho Fernández, Pity Martínez, Casco, Driussi, que le ganó espacio a Mora y anoche destrabó el resultado con su gol. Ponzio, D’Alessandro -que se regaló el título internacional que le era esquivo en el club que lo crió-, Maidana y Alario -siempre presente en las grandes gestas-, por experiencia y liderazgo, serán los capitanes de una embarcación que con la nueva estrella y sin participaciones internacionales por delante, al menos hasta el próximo año, intentarán conquistar lo que para el ciclo es una materia pendiente: un título nacional. El campeonato, que empezará esta noche, y la Copa Argentina, que entrega una plaza para la Copa Libertadores 2017, las vías para saldar la deuda interna, los nuevos peldaños futbolísticos que River desea trepar para que los éxitos vuelvan a engalanar a los millonarios y la energía que transmite el Monumental siga siendo el combustible del ciclo Gallardo, el técnico que celebró en cinco de las seis finales desde que asumió.

A CANCHA LLENA