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Los sectores de Moyano, Caló y Barrionuevo se unieron en la nueva CGT. Quedaron afuera los gremios más oficialistas y los más opositores. La central decidió reunirse con Macri con sus reclamos antes de protestar. Moyano ganó poder, tanto sindical como político, con vistas a la interna del PJ y las elecciones de 2017.

En un colmado estadio de Obras Sanitarias, luego de ocho años de fractura, la CGT finalmente unificó a sus distintas vertientes bajo el tan anunciado triunvirato. Las tres ramas en que se había astillado el tronco del movimiento obrero -lideradas por Hugo Moyano, Luis Barrionuevo y Antonio Caló- volvieron a fusionarse, con el objetivo de sumar fuerzas frente a la política del gobierno de Mauricio Macri. La nueva CGT, además, tendrá un poder político importante y sin duda será la plataforma desde la que buscará ganar posiciones en el peronismo, con vista a las elecciones de 2017.

La flamante jefatura colegiada no debutó con el llamado a un paro, pero tampoco ahorró críticas a la política económica. Y anunció que le van a pedir una audiencia para llevarle una de pliego de reclamos y aguardar su respuesta antes de  pasar a la acción.

De todos modos, la mayor central sindical del país no consiguió la unidad total. Por fuera quedaron los gremios reunidos por Gerónimo “Momo” Venegas, de Uatre y muy cercano al PRO, que incluso impugnó la validez del congreso cegetista; el influyente Movimiento de Acción Sindical Argentino (MASA), con el ferroviarioSergio Sasia a la cabeza, también eligió no participar de la cumbre; y la Corriente Sindical Federal, liderada por el bancario Sergio Palazzo, asistió al acto pero en mitad de la jornada pegó el portazo, reclamando un paro inmediato. De esta manera los más cercanos y los más lejanos al gobierno quedaron afuera, lo cual en definitiva es funcional al control que ejercerá Moyano desde las sombras. Juan Carlos Schmid, Héctor Daer y Carlos Acuña, son los flamantes secretarios del triunvirato, y serán la cara visible de la central.

La CGT reunificada eligió el camino de le negociación antes que la protesta, pese al efecto demoledor de la inflación del 45 % sobre los salarios y la acumulación de despidos y suspensiones, además de la promesa incumplida de eliminar el impuesto a las ganancias. “El compromiso es luchar incansablemente por los derechos de los trabajadores. Las medidas que correspondan serán decididas por la nueva conducción”, fue la astucia retórica con que Hugo Moyano muñequeó la situación desde el escenario en su noche triunfal. La CGT planea emitir otro documento de reproche a la Casa Rosada, en sintonía con el anterior, donde resumió su diagnóstico con el título “De mal en peor”. En paralelo, “se va a pedir una audiencia al ministro de Trabajo, Jorge Triaca y al presidente”, adelantó el metalúrgico Antonio Caló, otro de los líderes que dejó su lugar a la nueva conducción.

El “estacionero” Acuña dio más precisiones: primero, exigir cambios al macrismo; luego, esperar una respuesta y, en caso de no ser favorable, tomar medidas. “Tiene que haber una propuesta del movimiento obrero hacia el gobierno advirtiéndole lo que está mal, para que empiecen a revertir esta situación urgentemente”, explicó Acuña. “Si no escucha la voz de los trabajadores, después se iniciará un plan de lucha. Tiene que tener la oportunidad y vamos a hacer los reclamos que corresponde”, afirmó el secretario electo, para quien de todos modos “el hambre y el miedo a la pérdida de trabajo no esperan”.

Esa hoja de ruta fue rechazada por los espacios más combativos, para quienes se acabó el tiempo de la diplomacia, ya que los intensos ocho meses de gestión que lleva el macrismo no dejan dudas sobre la matriz de su política respecto de los asalariados.

Moyano en persona se ocupó de responder a los disidentes: “Lamentablemente no estuvieron todos los compañeros. Si hubiesen practicado la democracia, hubieran estado presentes”, sostuvo. Barrionuevo reforzó los dichos del camionero: “Los que vienen a querernos imponer medidas de fuerza es una falta de respeto (sic). Quédense tranquilos que somos prudentes y sabemos cuándo, qué día y a qué hora”, lanzó el gastronómico, que hasta hace no mucho era, junto a Venegas, un defensor explícito de Macri. El otro secretario que se despidió, Caló, planteó que “los que no están, es porque no quisieron” y dijo que “se equivocaron”. Antes del acto, aseguró que “si las circunstancias dan que hay que hacer un paro, no le va a temblar el pulso a los compañeros”.

A su turno, Daer consideró que “el paro es parte de una estrategia” y sumó más dardos contra los que no fueron parte de la unificación. “Los compañeros que se retiraron fue por los cargos, no por el paro”, aseguró. En cuanto a los pasos a seguir, remarcó que van a solicitar del gobierno “el cambio de las políticas que erosionaron el comercio, el consumo y el mercado laboral”.

Como una prueba de que no van a bajar la guardia, en la CGT mostraban que para manejar la Secretaría Gremial eligieron a Pablo Moyano, uno de los más virulentos en su rechazo al oficialismo. Días atrás, Moyano hijo sostuvo que “el Ministerio de Trabajo parece una sucursal más de la UIA” y que “Macri gobierna para los empresarios y tiene un desprecio total por los trabajadores”.

Los que no estuvieron

Los dos grandes ausentes del congreso reunificador fueron los sindicatos que responden al mandamás de la Uatre y los agrupados en el MASA. En el caso de Venegas, no solo no concurrió sino que se declaró afuera de la CGT recién nacida y hasta pidió decretar ilegal la elección de autoridades, por haberse modificado el estatuto para la formación de un triunvirato. Con el respaldo de 68 gremios pequeños, el Momo impugnó el congreso ante la cartera laboral. “El triunvirato no está previsto en la Carta Orgánica”, sostuvo. Por fuera de este planteo –sobre el que ahora deberá determinar el ministro Triaca– Venegas viene insistiendo en que la nueva CGT es una estructura armada a la medida de Sergio Massa, ya que tanto Daer como Acuña son legisladores del Frente Renovador. El Momo, que no se esfuerza en negar su alineamiento con el partido amarillo y que soñó con manejar la CGT, aparece ahora dedicado a obstaculizar el funcionamiento de la conducción colegiada. Por fuera de esto, no se le conocen otras medidas.

En el caso del MASA, que desde un principio rechazó toda alternativa que no fuera la de un único secretario general, continúa dentro de la central, pero aseguró que“la nueva CGT nace con debilidad”. Así lo afirmó Sasia, jefe de la Unión Ferroviariay referente junto al taxista Omar Viviani de un espacio que reúne a gremios de peso, como Smata, Luz y Fuerza, Foetra y APL. Para Sasia, la colegiatura “no hace más que institucionalizar las diferencias” y es necesario “iniciar un plan de lucha porque la política económica y social que está llevando adelante el Gobierno está impactando fuertemente en los sectores más vulnerables”. En una solicitada aparecida en la prensa, el MASA consideró que “se desaprovechó un momento histórico del movimiento obrero para elaborar un proyecto nacional, con una agenda programática y objetivos concretos para implementarlo con una CGT unida, fuerte, responsable, que no negocie los intereses de los trabajadores, que aporte al desarrollo del país y a la búsqueda de la justicia social, respetando el Estatuto de la central”.

La disidencia interna

Junto al surgimiento del triunvirato, el otro hecho de impacto en el congreso normalizador lo protagonizó la Corriente Sindical Federal, un frente que viene cosechando apoyos tanto por la densidad de su postura crítica al macrismo como por el respaldo que acumula entre los sectores más dinámicos del movimiento obrero, incluso por fuera de la estructura de la CGT. La Corriente había reclamado un lugar entre la secretaría general para su referente, el radical Palazzo, cabeza de la Asociación Bancaria. Ante la negativa de la “mesa chica” –Moyano, Caló y Barrionuevo–, esta veintena de gremios se retiró del acto, en medio de chiflidos, y exigió la convocatoria a una huelga. “Pedimos que del plenario salga un plan de lucha que incluya un paro de 24 horas porque cada día que pasa este Gobierno deja más gente en la calle”, sostuvo Palazzo, micrófono en mano, en el estadio de Obra Sanitarias. Además, informó que rechazaban los puestos que les habían ofrecido en la segunda línea de la conducción, como la Tesorería y algunas vocalías. “A esta unidad le hacen falta cien sindicatos que están ausentes. Es una mesa muy chica para una unidad tan grande”, aseguró el bancario. Otro de los dirigentes del espacio, Héctor “Gringo” Amichetti, de la Federación Gráfica Bonaerense, agregó: “Era necesario abrir esa conducción a sectores no contemplados. La unidad no es en esos términos. Por eso no aceptamos los cargos”.

Desde la Corriente se apuraron en aclarar que, más allá de esto, seguirán dentro de la CGT y que “la necesidad de un paro activo y un plan de lucha están planteados, así como el Programa”, en referencia al que presentaron el 12 de agosto pasado. También anunciaron que asistirán a la audiencia pública del 12 de septiembre por el tarifazo y que sus gremios van a movilizarse en la Marcha Federal que convocaron las dos CTA para el 31 de agosto.

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