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Nada más propicio para un adolescente que ya abandona sus responsabilidades en la escuela poder alcanzar la independencia económica. Esto es muy importante porque supone un gran paso en la vida de aquellos que, no eligiendo el camino de continuar algún estudio universitario. Prueban suerte arrojándose de plano al mundo laboral.
Manuel logró conseguir un trabajo parcial como  reemplazante de vacaciones en un conocido supermercado de la ciudad de Campana, provincia de Buenos Aires. Llevando a cabo tareas de repositor y lo que trae a interés este relato anecdótico. Cubriendo vacantes por vacaciones en la vigilancia nocturna. Es lo que pudo conseguir luego de empapelar empresas y comercios con copias de su currículum.
La paga. Si bien no era significativa tenía para él ese candor especial. Esa subjetiva marca de agua de ser rédito de sus propios esfuerzos. Lo que le restaba intensidad al halo penoso de la nocturnidad. Además tenía la seguridad en su interior de que siempre que quisiera podría cambiar de trabajo. Las posibilidades estaban latentes allí, ya que, como se ha mencionado antes, se aseguró de no dejar empresa o agencia sin su respectivo CV. También contaría ahora con otra ventaja. Otro punto a favor que es un gancho de oro para cualquier aspirante a un nuevo trabajo. La experiencia laboral.
Primer noche de trabajo. Respiraba el aire auspicioso del  inicial encuentro entre el uno y el área de ocupación. Repasó mentalmente cada uno de los pormenores en su turno. Las puertas que deberían mantenerse aseguradas, los números de emergencias a  mano, un comunicador y un teléfono  de  uno de los guardias más experimentados garrapateado al apuro en la agenda por si suscitaba alguna duda.
Esa noche transcurrió sin mayores sobresaltos que algunos ruidos extraños entre las góndolas. Nada que él creyera extraordinario. A pesar de ser un joven que aún no abandonaba la pubertad, no se dejaba sobresaltar con facilidad y trataba siempre de mantener la mente serena. Lo que lo llevó a restarle del todo importancia a la hora de entregar el turno al relevo.
Los días iban pasando. La fuerza de la costumbre iba adecuándolo hasta cierto punto. Ya que no terminaba de  comprender el porqué de ciertos sucesos. A los sonidos escuchados entre las góndolas se les fue sumando la presencia de ciertas sombras. Siluetas oscuras en los mismos sitios. Descartó cualquier posibilidad de intrusos  al corroborarlo rápidamente con su linterna. Además que el centro de comando de luces lo tenía siempre a mano en su cabina de vigilancia. Por lo que más de una vez recurrió al encendido inmediato de las luces sin poder encontrar nada.
 Su serenidad mental se vio vulnerada paulatinamente. Uno de los lugares donde debía vigilar era el depósito subterráneo. Ya que presuntamente allí, a modo de amplificador los echos que en la superficie del supermercado ya de por sí iban poniéndose inquietantes. Allí abajo hacían que mandara al diablo su juicio y subiera nuevamente con inquietud. Dejándole para el resto de la jornada, una profunda sensación de desasosiego.
 Con el pasar de los días la situación fue tornándose más y más compleja. La siluetas oscuras se hacían más patentes entre los pasillos del supermercado. Y bajar al depósito implicaba reunir todo el coraje que pudiera porque los ruidos eran insoportables, así como también los lamentos, los llantos y los golpes de cadenas hubieran hecho dificultosa la estancia hasta para aquellos hombres de duro roer.
  No hay un final feliz en esta historia. Al menos no como hollywood nos ha habituado. Manuel toleró todo lo que pudo hasta que le salió una vacante más favorable. Al menos prometedora de una mayor tranquilidad. Más tarde. Queriendo o sin querer logró averiguar algo que le tatuaría a fuego una abrumadora huella en lo más recóndio de su ser. Hace muchos años atrás. Lo que fuera su antiguo lugar de trabajo, el supermercado. En un momento abrumador que mancharía de sangre las páginas de la historia argentina. Allí mismo donde él trabajaba no era otra cosa que un centro clandestino de detenciones durante la última dictadura militar. Sabe Dios qué atrocidades se cometieron puertas adentro en esos oscuros días  para que hasta hoy todas esas almas deambulen buscando encontrar la luz.
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