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En la misma entrevista en la que negó de plano la despenalización del aborto, el presidente Mauricio Macri no descartó la despenalización de la marihuana para el uso medicinal: “Vamos a estudiar el tema, no me cierro a nada”, dijo. En Argentina, cada vez son más los pacientes – y los médicos- que acuden al aceite de cannabis para sanar dolores crónicos. Aquí, la historia de Teresa, Carlos y René, tres pacientes del doctor Marcelo Morante que se animaron a probar: “Nos cambió la vida”. Según la ley actual, son delincuentes.

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Foto: Joaquín Salguero

Primero toca romper barreras. Las barreras más fuertes de todas, la que infunden los noticieros con sus estigmas: la desinformación. El doctor Marcelo Morante cuenta que pudo a pesar de que, como hijo de General Lamadrid- pueblo bonaerense de 8000 habitantes, ubicado en el centro sudoeste de la Provincia de Buenos Aires- estaba lleno de preconceptos. Pero finalmente pudo porque la salud es lo más urgente y la medicina tiene una deuda histórica con el dolor. “Y el dolor no puede esperar, dice el doctor Morante con su voz de tipo movedizo. Es ahora, en este instante, mientras está en debate la despenalización del cannabis para uso medicinal que se pregunta: “¿Cómo le decís a la mamá de un chico epiléptico que tiene que esperar?”.  Así que él, empujado por la necesidad, fue a buscar una respuesta:

-Yo no había visto una planta de cannabis en mi vida. Cuando llegué a Canadá en 2014 me topé con dos mil plantas todas juntas y me impactó. Me pregunté ¿qué puedo hacer yo con esto? Me sentía en el lugar equivocado, pero lo resolví esa misma noche poniéndome a bajar los artículos, tratando de tener entrevistas con los profesores. Los preconceptos se resuelven desde la educación y el debate adecuado– cuenta el doctor Marcelo Morante, médico clínico y profesor universitario de la Facultad de Medicina de La Plata que inició la discusión formal y se fue convirtiendo con el tiempo en un referente clave en la investigación de la Medicina Cannábica en Argentina.

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Morante cuenta que su búsqueda arrancó a raíz de ver sufrir a su hermana que padecía dolores fuertísimos de una enfermedad llamada neurolupus. Así fue como llegó al país del norte en 2014 donde un tal Mark Ware estaba llevando adelante investigaciones en el Hospital General de Montreal. Le realizó consultas y estrecharon lazos para que Ware incluso se convierta en un asesor permanente enAIMED (Área de Investigación de la Medicina del Dolor) que funciona dentro de la Facultad de Medicina de La Plata.

Volvió, siguió casos de cerca, y Morante recogió el guante y propuso brindarles el tratamiento de la Medicina Cannábica con aceites a pacientes con enfermedades degenerativas.  Tres pacientes en la ciudad de La Plata –Teresa, Carlos y René- que padecían los síntomas del parkinson, una enfermedad que aún no disponía de muchos avances en el tratamiento con aceite cannábico. Sin embargo el doctor consideró que tras un largo recorrido de acompañar a los pacientes tenía la confianza y la evidencia científica de respaldo para proponerles ésta alternativa.  Los citó en su consultorio y se los propuso. Teresa y Carlos lo pensaron un tiempo, y finalmente dijeron que sí.

Se animaron a probar y confiesan que les cambió la vida porque calmaron los dolores,  el estado de ánimo y hasta se dieron el gusto de volver a hacer un viaje largo solos, algo que por un momento se llegó a pensar como imposible.

René, de profesión mago y de 79 años, logró vencer el encierro y volver a hacer magia e incluso nadar dos veces por semana.

Carlos y Teresa
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Foto: Joaquín Salguero

Vivían en Villa La Angostura cuando a Carlos se le presentaron los primeros síntomas en el año 2006 y enseguida prepararon las valijas para volverse a La Plata, dónde tendrían acceso a un médico especialista.
– Empecé con el dolor en el brazo izquierdo, se me acalambraba todo el tiempo – cuenta Carlos-. Trabajaba en cabañas en el sur para alquiler turístico. Ella estaba trabajando en la Dirección de Turismo, y la enfermedad nos golpeó la puerta a los dos y ahí quedamos parados. Ella renunció a su trabajo y yo tampoco quise saber más nada con el trabajo, porque es una enfermedad pesada. Vos fíjate que en este momento me está agarrando un temblor- cuenta Carlos, de 68 años, en su casa de Gonnet, donde le hace frente a la enfermedad con su compañera Teresa. “Un caso rarísimo, a los dos nos ocurrió lo mismo”, dice ella, y comienza con su relato mientras los dos gatitos se le suben a la falda.

-A Carlos le hace mejor efecto la medicación tradicional que a mí: no es igual en todos, hay síntomas comunes pero algunos los sienten de una manera y otros de otra. A mí me ayudo más el tema de esta alternativa: la medicina cannábica.

Me dolía la rodilla, el brazo, las caderas, la cintura, el cuello, las articulaciones en general, y con los calmantes comunes no funcionaban. No pasaba nada… Y cuando comencé a tomar el aceite, los dolores desaparecen y nos cambió radicalmente la vida- cuenta Teresa, de 70 años, con una sonrisa mientras mira cómplice a su compañero.

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Ellos le dicen “cannabis” y no “marihuana”, porque ésta última palabra “es más fuerte y hasta más pesada”. Dicen también que el concepto que tenían del cannabis era el peor: los títulos de los noticieros sobre incautaciones, el vínculo con el narcotráfico o un cliché común que reza que la marihuana es la introducción al mundo de las drogas más duras. Ahora, Teresa se siente agradecida con el poder de la planta, con el ojo clínico de su médico -que lo nombran siempre como Marcelo- y con estas tres gotitas que ahora pone encima de entre el pulgar y su muñeca derecha y chupa. “¿Ves?, yo me pongo dos o tres gotitas en la mano y me chupo el aceite de la mano. Así lo controlo mejor y sé que funciona perfecto”, dice Teresa mientras muestra el procedimiento que realiza tres veces por día para aliviar los fuertes espasmos musculares que durante mucho tiempo la hicieron sufrir dolores permanentes sin anestesias posibles y viéndole la peor cara de su enfermedad según ella: el encierro y la depresión.

Salir del túnel

El parkinson y la depresión son una combinación muy potente. Teresa cuenta que mucho tiempo permanecieron sin ver a mucha gente porque la incapacidad física que también se vuelve auditiva sumado a los dolores imprevistos e inesperados, hacen que uno se meta para adentro como una tortuga.
Sin embargo, las gotitas de cannabis empezaron a cambiar su conducta: mejoraron el ánimo, tuvieron más confianza en sus movimientos y en abril del año pasado se fueron de viaje a Italia por 35 días.

-Nos llevamos los frasquitos en la cartera de Teresa y arrancamos para Italia. Pese a algunas limitaciones físicas que tuvimos, la verdad que la pasamos bárbaro. A veces ella se cansaba cuando caminábamos mucho, pero después diez puntos todo.

Allá tenes que caminar por todos lados para poder conocer y lo pudimos hacer perfectamente. Imagínate entonces lo feliz que estábamos los dos. Estuvimos 35 días- cuenta Carlos y su voz se enciende mientras recuerda el viaje.

El mago René ya no tiembla
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Foto: Joaquín Salguero

La imagen de René antes y ahora es un cuadro de contraste. Hace más de un año tenía 8 kilos menos, no hablaba, “era un zombie”, y se encerraba horas en el cuartito de magia con los libros quietos y la mente como un péndulo oscuro entre la soledad y la parca. Él lo explica en el living de su casa con la serenidad del que tiene todo el tiempo del mundo para abrir los pliegues de su Historia que siempre fue de movimientos, risas y trucos de magia pero que cuando llegó “el amigo”, dice, se hizo de noche.

-Yo apunto que llegó hace cinco años cuando nos robaron en nuestra casa anterior – dice René, mientras comienza con su crónica de la enfermedad degenerativa-. Empecé a sufrir tantos dolores y aislamiento que en un momento yo había pensado que era más fácil irme, desaparecer, porque traía problemas familiares. Mi hija empezó a buscar alternativas hasta que dio con el doctor Marcelo Morante y me dijo “andá a verlo”. Voy, me deriva con una neuróloga y entre los dos me diagnostican el Parkinson. Tiempo después yo seguía con los dolores y Marcelo me comenta de ésta alternativa del cannabis medicinal. Que es una opción posible, que legalmente no está permitido, pero está investigando en el tema. Y yo le respondí que no tenía ningún problema de probar como un conejito de la india- cuenta René mientras comienza a mover las manos para hacer un pase de magia con un pañuelo que aparece y desaparece de su mano derecha, que no tiembla. Está perfecta. Después toma unas cartas de póker y las mezcla, pasa una por una, desliza los naipes hasta cambiarles los colores como un camaleón del azul al rojo,  luego viceversa; y después todas como en un principio vuelven al colorado original.  Magia.

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“¿Ves? – dice René como un chico- tengo una estabilidad plena. Yo la dosis que tomo por día es muy liviana, son dos gotitas por día y ahora como me empezó el dolor de una pierna entonces tuve que agregar una gotita más.

Una a la noche y otra al mediodía. Pero ya no tiemblo, no estoy encerrado, voy al gimnasio, hago natación dos veces por semana y sigo con la magia como desde hace 40 años.

El arte de la medicina

-La magia no la tiene la planta, el mago es René – dice el doctor Morante, que todos los sábados a la mañana visita a su paciente devenido en amigo.

Este doctor, que supo ser médico rural en su pueblo de Lamadrid, dice metafóricamente que ganó una final del mundo: llevar a especialistas en Cannabis medicinal a debatir e informar a la sociedad en un seminario que reunió 1000 personas y dio que hablar hasta el Diario El País de España.  “Para mí el arte de la medicina es el arte de cuidar y la medicina cannábica es una oportunidad. Con mucho placer, para expresarlo de algún modo, agradezco a las personas o familias que me permiten o me abren la puerta para acompañar en una situación límite porque me permiten ser parte de esa familia al menos por un ratito”, dice Morante y sintetiza su manera de proceder como investigador, profesional y siempre humano: “El tratamiento empieza desde la familia hacia la sociedad científica porque muchos creen que es al revés, pero yo creo que no: que va desde el paciente y su necesidad, la familia que lo contiene, hacia el médico. Yo creo que este camino es el que tiene que ser. La medicina de mamá sigue siendo la más efectiva en cualquier circunstancia”.

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