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Por Marcelo Mechiori

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Y claro, si renunció!.- Si, pero se fue solo, por eso.
Nadie lo echó. Tampoco había nadie para echarlo. No tenía quien lo acompañe. Ni dirigentes de una AFA acéfala (que cuando tiene cabeza visible tampoco piensa), ni los jugadores que tras una nueva frustración amagaron o cumplieron con abandonar el barco. Martino quedó solo y se fue solo.
Quedarse solo también le vino bien.

Era insostenible su permanencia al frente de la Selección. Había varias razones para forzar su dimisión o para disfrazarla como tal.

Los “Martinianos” dirán que el tipo prefirió irse antes de traicionar sus códigos, los de buena gente, los de honestidad. Quienes están en la vereda opuesta, inmersos en su propio exitismo, vociferan que decidió alejarse por no encontrar el rumbo ganador de una selección ávida de coronas.
Ambas opiniones antagónicas se acercan a la razón. Martino no encontró motivos para quedarse.

No había revancha cerca en el horizonte.

Lejos está la Copa del mundo a disputarse en Rusia para sacarse esa espina. Y para colmo de males, menos asegurada está la clasificación sin Lionel como director de orquesta.
Como hombre de fútbol siempre supo que jamás se metió en el corazón del hincha visceral. La voz de la calle muchas veces es el termómetro por el cual pasan las decisiones que la propia razón nunca entenderá.
Que la AFA es un cambalache lo sabemos todos.

No es de ayer. El Tata también lo sabía.

Vivió en carne propia el último tiempo sin cobrar un solo peso. Que los dirigentes argentinos pondrían palos en las ruedas a la hora de ceder jugadores para los JJOO también lo imaginábamos.

Iban a prevalecer sus propios intereses antes de rifarlos a los de una Selección que ya no seduce como antes, al contario, muchas veces te aleja.
Todo esto le sirvió a Martino, pero claro está que Martino no le sirvió a la Selección. Nos quedará la duda de saber que hubiera ocurrido con el DT en otro contexto, con el fútbol organizado y con todos los engranajes aceitados. En Barcelona tuvo todo, es cierto. Ya sabemos como le fue. Así y todo llegó a la Selección.
Fin para un buen tipo, honesto. Llegó al lugar indicado en el momento incorrecto. No era el momento. Si hasta Messi se quedó sin ganas. No me entristece su salida porque jamás festejé su llegada. No era el momento, de renunciar, ni de seguir, ni mucho menos de asumir.