images

Desde esta utilización de la impunidad como ausencia de castigo, podemos distinguir dos tipos de impunidad: la penal y la moral o social.

LA IMPUNIDAD PENAL

Es la prolongación de una situación de injusticia ejercida contra las personas víctimas de un crimen o un ilícito penal.

La ausencia de investigación, no ejercicio de la acción penal, mala integración de la averiguación, parcialidad de los jueces, etc. dan forma y sustento a lo que se define como IMPUNIDAD.

La impunidad penal representa el paradigma de la impunidad, en tanto que ésta se lleva a cabo en el ámbito de la procuración e impartición de justicia de las instituciones del Estado.

De alguna forma, para este tipo de impunidad, los recursos institucionales de acceso a la justicia se ven frenados o alterados, impidiendo con esto el acceso a un procedimiento legal de cautela de las garantías individuales, y por otro lado, la restitución del Estado de derecho a partir de la rectificación por parte del Estado y la sanción penal correspondiente a través de un enjuiciamiento a los presuntos responsables.

La operación de este tipo de impunidad requiere de una serie de mecanismos que imposibilitan este acceso a la justicia, donde podemos identificar una ruta crítica por la cual atraviesa la persona víctima, configurándose a su vez esta ruta como una segunda y tercera victimización.

La primera victimización viene dada por la violencia como comisión del delito, la segunda victimización se realiza durante el proceso penal, y la tercera victimización con la impunidad como producto de ese proceso penal fallido.

No se le cree a la víctima.

Se la culpabiliza.

Es sometida a revisiones e interrogatorios denigrantes.

No se investiga.

Mala integración de la averiguación previa, etc.

El agresor no es detenido.

Puede salir bajo caución.

La pena puede disminuir.

Falta de pruebas.

No repara el daño.

Sigue hostigando y amenazando.

Falta de legislación adecuada.

Proceso largo y costoso.

Es parcial a favor de los agresores con frecuencia.

Atención Integral

No se cuenta con este tipo de atención.

Es de bajo presupuesto.

Falta capacitación al personal.

Mala atención a las víctimas.

LA IMPUNIDAD MORAL

Es la complicidad social que se realiza a través de la ausencia de sanción moral, la cual se ejerce socialmente a través del silencio, la minimización del hecho y la culpabilización a las víctimas.

Este conlleva, además, un elemento característico, que es la ostentación pública del delito, al tiempo que se niega el haberlo cometido, se relativiza su importancia, o se niega directamente su existencia.

Es decir que, desde lo legal hay un crimen que no se castiga, y desde lo moral, se agrega un componente que es la burla y el regodeo abierto en esta prerrogativa de impunidad, ante un cuerpo social transformado en mero espectador.”

La impunidad moral se caracteriza por los siguientes elementos psicosociales: No existe sanción moral de la violencia (ausencia de legislación, no tipificación, normas sociales posibilitadoras, etc.).

Silencio y complicidad por parte de la comunidad (no se denuncia, se particulariza, etc.).

Se culpabiliza y estigmatiza a la víctima (“se lo merecía”, “por comunista”, “seguro son delincuentes”, “algo habrá hecho”, etc.).

El silencio y culpabilidad en la población se debe a un proceso de construcción vincular de la subjetividad social ad hoc: “Indudablemente, la impunidad tiene efectos directos en la vida cotidiana individual, interviniendo en la estructuración de modos de ser, de pensar, de sentir, en la conformación de códigos éticos y valorativos, es decir que la impunidad produce subjetividad. Dentro del cuerpo social, asistimos también a sus gravísimas consecuencias, siendo fundamental remarcar la acción de la impunidad como un segundo estímulo traumático que va a incidir sobre las heridas abiertas.

La impunidad moral forma parte de una estrategia de control social dirigida hacia el tejido y lazo social, esto es, hacia las normas sociales que regulan el comportamiento, así como a los criterios de valoración y percepción social de la población, con respecto a las personas víctimas a partir de un proceso de estigmatización, el cual tiene como objetivo el aislamiento y la desacreditación.

Este fenómeno ha sido ampliamente investigado y documentado con las poblaciones que han vivido en estados de excepción (dictaduras, guerras civiles), donde se ha denominado a esta población como una “mayoría silenciosa”.

La impunidad moral, impone un pacto social basado en la culpa, la polarización social, la radicalización y confrontación de la población, así como en la desconfianza colectiva, dando pie a cuadros de paranoia colectiva (vigila, denuncia, castiga).

La subjetivación derivada de la impunidad moral supone la constitución de un sujeto cínico, donde la transgresión de la Ley se incorpora como parte del propio mandato regulador de una nueva Ley obscena.

La transgresión sustituye el lugar del lazo social, transgresión que supone una culpa compartida, una fraternidad en el crimen.

La construcción de este lazo social es funcional al poder totalitario, el cual necesita de una subjetividad y de una serie de aparatos ideológicos que reiteren la fraternidad en la culpa por los crímenes cometidos.

Se hace cómplice a la comunidad, legitimando el poder obsceno de la impunidad.

BARADERO LATE