Declan Moss jugaba en el porche junto a su abuelo, Eugene Smith desmontaba el árbol de Navidad, Julia Charging caminaba de regreso a su casa… Y ninguna señal anticipaba que serían atacados por perros y morirían. Como estas tres víctimas, residentes en Estados Unidos, decenas de personas fallecen cada año alrededor del mundo debido a la agresividad del “mejor amigo del hombre”.

Los pit bull han provocado más muertes en Estados Unidos que el resto de las razas de perros juntas. (Foto: La Nación)

Ciertas razas caninas protagonizan con frecuencia estos incidentes mortales. En consecuencia, algunos países han establecido prohibiciones sobre la crianza e importación de castas como los pit bull. Sin embargo, organizaciones defensoras de animales y representantes de clubes caninos afirman que la responsabilidad de los ataques no debería caer sobre los canes.

¿La reincidencia homicida de los pit bull o los rottweiler, por solo citar dos de los más temidos, debería bastar para condenarlos a la desaparición? ¿O el entrenamiento de los animales, la educación de los dueños y leyes más severas para los infractores garantizarían un descenso de las mordidas asesinas?

La culpa de los pit bull

En la provincia canadiense de Ontario, una ley votada en 2005, después de una serie de ataques que conmovieron a la opinión pública, apuntaba a la erradicación progresiva de cuatro razas: pit bull terriers, American Staffordshire terriers, Staffordshire bull terriers y American pit bull terriers, conocidas comúnmente como pit bull. De cumplirse al pie de la letra la legislación, las peligrosas variedades se extinguirían en el territorio a finales de esta década.

En el Reino Unido los pit bull aparecen también en la lista de razas vedadas, junto a los tosa japoneses, los dogos argentinos y los filas brasileños. En marzo pasado el castigo a los dueños de perros que agreden a personas y animales se incrementó de dos a 14 años de prisión.

Los niños son las víctimas más frecuentes de las mordidas de perros. (Foto: Thinkstock)

Otros países europeos como Alemania, Dinamarca, España, Irlanda, Francia e Italia han establecido restricciones a la posesión de canes considerados una amenaza para la seguridad pública. En América Latina, Ecuador prohibió los pit bull desde 2009 y Venezuela decretó una interdicción similar en 2014. En Estados Unidos, aunque no existe una legislación federal al respeto, más de 700 ciudades han puesto en vigor reglamentos para controlar la crianza de determinadas castas caninas.

¿Estas leyes han reducido los ataques de perros contra humanos? En Inglaterra las hospitalizaciones causadas por agresiones caninas han aumentado en 76 por ciento en los últimos 10 años, de acuerdo con datos oficiales publicados por ‘The Guardian’. En ese periodo han muerto 21 personas, de ellas 13 niños, quienes clasifican como las víctimas más frecuentes.

En Estados Unidos el número de fallecimientos por mordidas de perros se ha mantenido entre 30 y 40 casos anuales desde 2005. Durante ese lapso 360 estadounidenses murieron por esa causa, el 64 por ciento víctimas de los pit bull. Según estadísticas del sitio dogsbite.org, cada día un millar de norteamericanos acuden a los servicios de emergencia médica a causa de heridas provocadas por estos animales.

Toronto, la capital de Ontario, ha visto un descenso de los ataques protagonizados por pit bull desde 2005, pero los incidentes con perros se han disparado desde 2012 hasta alcanzar récords para la actual centuria.

La ciencia aún no ha explicado el porqué del comportamiento más agresivo de ciertas razas. (AFP)

¿Razas o perros peligrosos?

En Internet abundan las listas de razas caninas peligrosas, que suelen encabezar los pit bull, seguidos por los rottweiler, los pastores alemanes y los doberman pinscher. Sin embargo, especialistas en veterinaria y voceros de asociaciones de animales afirman que ninguna casta es más agresiva que otra. El entrenamiento de las mascotas y la educación de los dueños podrían brindar mejores resultados que las prohibiciones a variedades específicas.

Los defensores de esta visión ponen como ejemplo a la ciudad canadiense de Calgary, que ha preferido invertir en programas de educación pública y formación de los propietarios. La Ordenanza sobre la tenencia responsable de mascotas (The Responsible Pet Ownership Bylaw) impone la adquisición de licencias que a su vez financian servicios de prevención, atención veterinaria y otros programas para garantizar la presencia segura de perros y gatos en las comunidades. Sin embargo, la presión crece sobre las autoridades de la urbe cada vez que se producen nuevos ataques.

Hasta el momento ninguna investigación científica ha demostrado que una raza sea más propensa a agredir a los humanos. Dueños negligentes o promotores de la violencia serían entonces los culpables de los repetidos incidentes. Sin embargo, la mala reputación de los pit bull se sustenta en estadísticas similares en varios países.

¿Cómo convencer a las comunidades de la inocencia de ciertos canes? ¿Cómo conciliar el miedo con la insuficiencia de información científica sobre el comportamiento de estos animales? A pesar de los milenios de convivencia, aún nuestro mejor amigo nos debe algunas respuestas.