Si algo me gusta de los subtes de Manhattan es que uno puede recorrer el mundo sin moverse del vagón. En cualquiera de las líneas que atraviesan la ciudad de punta a punta se puede ver todo tipo de bellezas femeninas, a cualquier hora del día. Mujeres de piel como la nieve, asiáticas, árabes, hindúes, latinas, africanas, unas delgadas, otras rellenitas, altas y bajas, rubias o morenas. La mayoría va vestida como le da la gana, incluso de fiesta, de oficina, con ropa de deporte o con sus trajes telúricos, pues acá no importa si el tren no combina con la cartera Michael Kors. Las asiáticas son lánguidas y austeras, inquietantes, igual que las indias con sus profundos ojos negros. Ese paisaje cosmopolita da forma y sustento a esta isla a la que todos vienen a cumplir un sueño, como decía Capote, a probar que no somos patitos feos sino seres dignos de un Porche.

Vengo a enterarme leyendo un artículo local que en el subte de Manhattan sucede cada vez con más frecuencia un tipo de delito sexual sumamente novedoso (para mi), el «upskirting», práctica que consiste en fotografiar o filmar a una persona, particularmente a una mujer, sin su conocimiento o permiso, describe la crónica de un diario local. Los crimenes suceden en los vagones y en cualquier rincón de la estación, sea en las escalinatas, en los molinetes de salida, la boletería, los baños etc. Es considerado por ley un delito grave penado con hasta 4 años de prisión y, peor, el malviviente puede quedar pegado para siempre en los archivos policiales.

Maigod! No creo haber sido víctima de tal situación, al menos no imagino quien podría reparar en mi outfit de turista antifashion, pero parece que los llamados upskiertes son acosadores silenciosos, que trabajan subrepticiamente con celulares y cámaras o filmadoras escondidas en sus ropas o en maletines. Vendrían a ser algo así como paparazzis 2.0 porque, aunque no lucren con tu foto, sí suelen colgarla en las redes sociales, invadiendo doblemente tu privacidad.

Comentan los artículos que en verano, con las temperaturas altas y las ropas más, sube el número de «upskirters» en la ciudad, por eso la Oficina del Fiscal de Distrito en Manhattan está punto de lanzar una campaña para alertar y concientizar a las usuarias distraídas. «Este es un delito grave con consecuencias graves», dijo el Fiscal del Condado Vincent Vance a los medios. Si es declarado culpable, el delincuente enfrenta hasta cuatro años de prisión, aclaró el funcionario, instando a los neoyorquinos a denunciar el crimen, sea notificando a un oficial de policía o llamando al 911. «No se trata de crímenes sin víctimas, pero las invasiones a la privacidad y los llamados ‘upskirters» serán perseguidos con todo el rigor de la ley » aclaró.

Así como acá no está permitido escuchar música alta en ningún transporte urbano, allá en el subte queda claro que, a menos que pidas permiso, mejor no enciendas tu cámara para robarle la imagen a nadie. Por eso mismo no he tomado ninguna foto, salvo la de esta hermosa chica que posa sin culpa y en la vía pública.

Esta entrada fue publicada en HOT NEWS por Amanda Jot.

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