La llegada del otoño afecta nuestro sistema inmunitario haciéndonos más vulnerables a determinadas enfermedades. Te desvelamos algunas de los trastornos más comunes durante esta etapa y qué puedes hacer para evitarlos.

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Con el otoño no solo llega el cambio de hora y el frío, sino también algunos cambios en nuestro organismo. Lo que sucede es que la reducción de las horas de sol genera un desequilibrio hormonal que altera las defensas del sistema inmunitario y, como resultado, somos más propensos a enfermar. Lo curioso es que independientemente de la fragilidad de las defensas del cuerpo existen algunos trastornos que aparecen con mayor frecuencia durante el otoño. Se trata de algunas enfermedades que proliferan en esta temporada aprovechando la humedad y la temperatura.

1. Trastorno afectivo estacional

Se trata de una alteración del estado de ánimo muy común durante el otoño. En los países más próximos al ecuador solo afecta alrededor de un 1,5% de la población, pero a medida que nos alejamos del ecuador su incidencia puede aumentar hasta un 10%. Básicamente, este trastorno se debe a un cambio en los niveles de melatonina, una hormona implicada en diversos procesos neuroendocrinos y en especial en la regulación del estado de ánimo, que suele variar como respuesta a los cambios de iluminación ambiental. De esta manera, es habitual que durante el otoño aparezcan signos como los cambios de humor, falta de interés, fatiga, síntomas depresivos leves o moderados y un deseo exagerado de consumir más dulces. Afortunadamente, es un trastorno muy fácil de prevenir y aliviar, basta exponerse al sol entre 30 y 90 minutos diarios.

2. Enfermedades respiratorias

Los resfriados, la gripe, el asma, la bronquitis y la neumonía suelen ser las enfermedades respiratorias más frecuentes durante el otoño. De hecho, las estadísticas indican que en España 1 de cada 10 personas suele contraer gripe durante esta temporada y más de 15 millones se resfrían cada otoño. Los cambios que ocurren durante esta época provocan alteraciones hormonales que debilitan las defensas del sistema inmunitario aumentando el riesgo de padecer estos trastornos. La humedad ambiental también nos hace más propensos a padecer una enfermedad respiratoria ya que aumenta la sensibilidad de las vías respiratorias y estimula la producción de moco. Como resultado, las vías respiratorias son más vulnerables, dando lugar a síntomas como congestión nasal, obstrucción respiratoria, sibilancias, decaimiento, fatiga y fiebre. Por fortuna, una dieta rica en vitamina C, una hidratación adecuada y la práctica de ejercicios físicos puede prevenir o atenuar los síntomas.

3. Trastornos alérgicos

¿Sabías que cerca de 10 millones de españoles padecen rinitis alérgica? La mayoría de ellos sufre una recaída durante el otoño, momento en que proliferan los ácaros del polvo, que son los principales responsables de la alergia. De hecho, esta temporada suele ser fatal para quienes padecen alergia, asma alérgica, y otros tipos de alergias ya que la humedad y el clima templado del otoño disminuye los mecanismos de defensa naturales de las vías respiratorias favoreciendo así la exposición y contagio a ácaros, mohos y hongos. Como resultado, durante el otoño es usual experimentar síntomas como congestión, picor y obstrucción nasal, así como estornudos, lagrimeo y erupciones que responden a una reacción alérgica. Aunque los especialistas afirman que este tipo de reacción no se puede impedir, es posible tomar algunas medidas para atenuar la sintomatología y reducir la frecuencia de las crisis. Es importante mantener el hogar y el entorno de trabajo limpios y libres de ácaros, tomar abundante líquido, protegerse de la humedad y las bajas temperaturas y, en caso de ser necesario, recurrir a los antihistamínicos.