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Por Pablo Ariel Gonzalez

El temor ha sido siempre uno de los aliados más fieles del poder, que intenta que la población viva inmersa en él, y la creación artificial de esa atmósferas de miedo obliga a los ciudadanos a blindarse frente a los contextos sociales.

El miedo que anida en el cerebro quebranta la resistencia, genera pánico y paraliza la disidencia; no hay poder en la Tierra que no haya confiado en alguna forma de terror. Tras un desastre —natural, político, económico— el miedo inicial deja paso a la ansiedad; la gente teme más los riesgos que se le imponen que los que acepta. Todos los esfuerzos por liberar al hombre han sido en realidad impulsos por liberarlo del miedo, para crear las condiciones en que no sintiera la dependencia como una amenaza; cuanto más frió y calculador  es el poder más priva al hombre de libertad porque lo que engendra es temor.

Surge así lo que algunos han denominado la ideología del miedo, definido en el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia como una “perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario”.

El miedo como arma de dominación política y control social; el miedo como herramienta de destrucción masiva en la guerra de clases. A lo largo de la historia ha habido todo tipo de movimientos sociales y culturales fundamentados en esa sensación, habitualmente desagradable, provocada por la percepción de ese peligro real o supuesto, presente, futuro o pasado.

El miedo no solo como construcción social sino también ideológica. Como es omnipresente y está arraigado, produce desconfianza y conflicto con el “otro”, al que se atribuye la culpa de lo ocurrido o de lo que puede acontecer, y genera, por tanto, la necesidad de protegerse de él. 

El temor es una emoción que inmoviliza, que neutraliza, que no permite actuar ni tomar decisiones con naturalidad. Este miedo contemporáneo hace a todos susceptibles de ser dominados, subyugados por los que poseen la capacidad de generarlo: por los que ejercitan el poder, que someten a los miedosos y les inyectan pasividad y privatización de sus vidas cotidianas (el refugio del hogar), los culpabilizan y, a continuación, los castigan bajándolos de la escala social en beneficio de los primeros. 

Desde hace unos días el gobierno local ha comenzado a implementar una estrategia clara, precisa y muy concreta, y la misma básicamente consiste en meter «miedo» a todos los trabajadores municipales a través de amenazas que marchan en cada uno de los rincones de la municipalidad  con pancartas que dicen: ¡tu trabajo esta en jaque!

Este accionar, en clara consonancia con la política implementada a nivel nacional y provincial, ya ha empezado a andar en nuestra ciudad, y los resultados están siendo contundentes.

Hoy gran parte de los municipales se empiezan a miran de reojo, comienzan a desconfiar de aquel que tiene al lado, porque como siempre sucede en estos casos, el miedo no solo engendra parálisis, sino que también da nacimiento a un ejercito de BUCHONES, que empujados por sus rengas y mancas seguridades personales y con tal de congraciarse con el «jefe» aplastan sin piedad y sin dudarlo la cabezas mismas de sus propios compañeros.  

Hoy los municipales tienen pánico a perder su trabajo, y esto en vísperas de las paritarias, al gobierno le viene como anillo al dedo.

Solapada, silenciosa, calculadora, insensible e inescrupulosa, la estrategia del miedo como herramienta de sometimiento implementada por el gobierno local esta dando sus frutos, y aunque como todo, lo nieguen, esto hoy, sin dudas, esta pasando.