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Los expertos consideran que las personas desplazan a las fobias el miedo y la angustia que les generan otras situaciones.

Psic. Alejandro Silva*

Una fobia se define como un miedo irracional y persistente que se manifiesta ante la presencia o anticipación de contacto con un objeto o una situación particular y bien identificada. Las fobias se consideran un tipo específico de trastorno de ansiedad por los síntomas que desarrollan las personas que las padecen. El temor hacia el objeto de la fobia puede llevar a la persona a presentar un ataque de pánico, que es un episodio muy agudo de angustia en la que se tiene la sensación de correr un peligro de muerte y se acompaña de síntomas físicos como taquicardia, sudoración, hiperventilación, entre otros.

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Hay dos elementos importantes que ayudan para distinguir las fobias de otro tipo de trastornos de ansiedad. El primero tiene que ver con la naturaleza exagerada de la reacción ante objetos o situaciones que racionalmente hablando, no representan un peligro real para la persona. Esta desproporción irracional en el miedo es reconocida por la misma persona que sufre la fobia, pero a pesar de ello se siente amenazada por el objeto o situación.

El segundo elemento es que el objeto de la fobia está bien identificado, es decir que se reconoce qué cosa o situación es la que despierta la angustia en la persona. No es un miedo ni una angustia generalizada, sino que está claramente asociada con algo en particular.

Todos tenemos ciertas ‘fobias’, sabemos que hay animales, objetos o situaciones que preferimos evitar o que nos despiertan ansiedad o repulsión, pero éstas no son propiamente fobias ya que no limitan nuestras actividades. Una fobia se considera problemática cuando afecta la vida cotidiana de las personas, es decir que estorba para la realización de las actividades diarias como el trabajo o la socialización.

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Una persona con una fobia verdadera llevará a cabo sus actividades alrededor de su miedo buscando la manera de evitar encontrarse con aquello que teme. Imaginemos que el objeto fóbico es vivido por la persona como si fuera un león hambriento come-humanos, uno haría todo lo posible por evitar un encuentro con algo tan terrorífico, incluso si evitarlo implica dar una vuelta enorme y un gasto adicional de energía, para la persona fóbica este esfuerzo adicional vale le pena.

Generalmente, las fobias se desarrollan por medio de un mecanismo que en psicología se conoce como ‘desplazamiento’. Este mecanismo consiste en desplazar al objeto de la fobia todo el miedo y la angustia que generan otras situaciones y concentrarlas en un sólo objeto; digamos que este objeto o situación se vuelve una condensación de todos los temores de una persona.

Hay algunos tratamientos para las fobias, algunos de ellos consisten en ir acercando poco a poco a la persona con los objetos de sus fobias, primero guiándola a pensar en ellos, luego a través de hablarlos, quizá después ver imágenes y videos, hasta que pueda estar en contacto con el objeto en sí mismo. Esto se hace acompañando a la persona y ayudándola a controlar la angustia que se va despertando en ella en cada escala del proceso. La intención es desarrollar en la persona la sensación de confianza en que puede controlar su angustia, se le brindan herramientas para hacerlo y así se le ayuda a recuperar el control sobre sí misma y que había perdido ante la fobia.

Otra alternativa consiste en descubrir y analizar cuál es el origen u orígenes de la fobia, es decir identificar y resolver la fuente de la angustia. La mayoría de las ocasiones lo irracional del miedo en la fobia es indicio de que el temor realmente proviene de otras fuentes y que el objeto fóbico sólo es aquel donde se desplazó. La ventaja de este enfoque es que ayuda a resolver la angustia desde el origen, evitando que vuelva a manifestarse ante otra cosa o situación.