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Muchos en Baradero hoy se están preguntando qué será de la vida política de estos buenos muchachos, de estos reconocidos laderos históricos en algunos de los casos, del intendente saliente Aldo Mario Carossi.

Ellos fueron quienes todo el tiempo subían al despacho de Carossi y lo ponían al tanto de chusmerío que andaba rondando los pasillos de la ciudad, siendo muchos de ellos, y en muchos casos, prioducto de sus enfermas imaginaciones.

Asimismo «los buenos muchachos» tenían demasiada influencia sobre un intendente que a su vez se caracterizaba por escuchar con enorme satisfacción y agrado cada rumor que sus laderos solían llevarle a su impermeable trinchera cada día todos los días del año.

Ellos jamás se apartaron del «SI SEÑOR» cada vez que su líder les daba una orden, y ellos nunca jamás dejaron de operar desde las sombras contra todo aquel que podía poner en jaque sus atados con alambre BENEFICIOS PERSONALES, y todo ello lo hacían montados a sus penosas debilidades e inseguridades individuales, palpables incapacidades, falta de iniciativas, y sobre todo de dignidad personal en muchos de esos casos.

A Carossi siempre le gusto escucharlos, se alimentó de manera incansable de todos ellos, y lo pagó muy caro en las urnas, algo que no ha podido digerir y asimilar a la fecha.

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En el caso de Depauli seguirá dos años más en el HCD y seguramente luego de expirar su mandato como concejal llegará su merecido aunque tardío retiro de la política, y en un cuadrito deberá colgar su foto sentado en una banca con la frase «GRACIAS BARADERO POR HABER SIDO TAN GENEROSO CONMIGO».

En el caso de Gallardo, la representación más cabal de Fredy en aquel personaje FIGURETI, fue alguien que durante casi dos décadas entró a la municipalidad y sobre todo al despacho del intendente sacado por la ventana por Antonijevic, como su fuera su propia casa, según nos cuentan desea seguir militando en política, pero la desacreditación pública de su figura llegó a un punto tal que supone que ya no tiene vuelta atrás, será un salvavidas de plomo para quién se atreva a contarlo dentro de su tropa pensando en el nuevo peronismo que se viene a nivel local.

En el caso de Quique Dezio, también fue otro de los que se las creyó, y terminó jugando al jueguito que más le gustaba jugar al resto de los buenos muchachos,y a él también en consecuencia hay que atribuirle gran parte de la derrota que tuvo el peronismo en Baradero.

En el caso de Juancito Ramos, fue un buen pibe que se vio encandilado por las mieles del poder, se subió a un caballo que no le pertenecía y el caballo lo terminó tirando por la ventana.

En lo que hace a Miguel «odolito» Simour fue quizás la representación más cabal de un cuatro de copas al servicio del poder, y la representación más fiel de cómo funciona un ladero a la falda de su amo, también a él se le terminaron para siempre muchos de los beneficios que pudo obtener lamiendo las botas de su jefe, y para él –por carecer de atributos básicos y mínimos para hacer política- lo que ayer tuvo formará parte de un inoxdidable e irreversible recuerdo.

En lo que se refiere a Pablo Scarfoni, uno de los responsables de la quema del municipio en 2010, que tuvo la oportunidad de regresar a la función pública gracias al «aguante» de su amigo Carossi hace poco más de un año atrás, también uno supone que a la política desde ahora la verá por la tele, porque es otro de los tantos que quedó sin vuelta atrás producto de la nefasta imagen pública que ha sabido cosechar en la comunidad baraderense.

Veremos si lo que muchísima gente piensa respecto a estos personajes ocurre, aunque uno supone que la suerte de LOS BUENOS MUCHACHOS ya fue jugada, y ninguno de ellos tiene retorno a la política, en algunos casos, ni siquiera como delegado barrial.